Contador web

Mostrando entradas con la etiqueta música. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta música. Mostrar todas las entradas

domingo, septiembre 12, 2010

ACONTECIMIENTOS: ¡SALVEMOS EL DIRECTO!

Salvo eventos excepcionales, los pubs y bares de pequeño aforo, esos que no cuentan con camerinos ni escenario, no pueden organizar conciertos en toda Andalucía (y en otros sitios). No estoy hablando de volumen, de horarios, de insonorización, de licencias, de aforo, de medidas de seguridad, de esas cosas que podrían interesar a la gente... Estoy diciendo que es imposible que un bar pueda obtener una licencia que le permita organizar conciertos. Un "bar con música" puede poner música "enlatada" con un límite de decibelios. Pero la música tiene que ser pregrabada, no puede ser alguien con una guitarra acústica, no se nos vaya a desmadrar la gente. De hecho, también es imposible que un bar organice cualquier otro espectáculo que no sea poner música pregrabada y servir intoxicantes y otras bebidas. En un bar no puede haber cuentacuentos, mimos, monólogos o actuaciones de humoristas, pequeñas piezas de teatro, sombras chinescas, prestidigitación, performance... No puedes hacer esas cosas si no tienes la licencia apropiada. Y la licencia apropiada no existe.

El problema deriva del Nomenclátor y Catálogo de Espectáculos de Andalucía, un texto en el que se intentan enumerar todos los espectáculos posibles y los lugares en donde pueden hacerse. Personalmente, soy contrario a esta técnica normativa. Tratar de encerrar el arte en una jaula para tenerlo bien controlado es un empeño absurdo, porque a menudo el arte termina siendo precisamente aquello que ha quedado fuera de la jaula. Creo que hubiera sido más oportuno preocuparse simplemente por los problemas que la actividad artística puede ocasionar a la gente (por ejemplo "el ruido") y dejar de intentar reglamentar la imaginación, que sopla por donde le da la gana. Pero hoy por hoy, es lo que tenemos. Y lo cierto es que el catálogo no incluye algo tan normalizado en nuestra sociedad como los conciertos en los bares.

Por supuesto, aplicar realmente esta prohibición absoluta es insostenible. Para muchos músicos o artistas profesionales, constituye directamente un medio de subsistencia del que se los está privando y aquí estamos tocando el estómago de los currantes y, por tanto, un tema de importancia esencial. Muchos otros que hoy son profesionales más instalados y que no necesitan tocar en bares pequeños, llegaron a donde están porque "cogieron tablas" en algún sitio; nadie va directamente del garaje de su casa al Royal Albert Hall, la "cantera" tiene que estar en algún sitio. Muchos otros no somos profesionales ni lo seremos nunca; somos amateurs, c'est à dire, gente que ama la música y que necesita compartir con los demás la música que nace de esos arrumacos; del mismo modo que el "fútbol" no es sólo la liga profesional sino también los chavales que juegan en el campo de la barriada bajo las miradas de sus parientes y de cualquiera que pase por ahí y le interese el asunto, la "cultura" no está hecha sólo de grandezas, sino también de las pequeñas hazañas de la gente de a pie que "cultivó" su creatividad. Por otra parte, muchos pequeños empresarios tienen la inquietud de organizar cosas "culturales"; creen que su trabajo no debe ser solamente servir intoxicantes, sino que también quieren intoxicarnos de cultura, de música y de belleza, venenos que afectan al alma, pero que dejan el hígado sano. Por último, mucha gente necesita (necesitamos) este tipo de eventos que son más baratos, producen un ambiente más íntimo y generan un tipo de relaciones entre la gente que son diferentes a los de conciertos más concurridos (e incluso a veces permiten el intercambio y la colaboración entre los músicos de modo distendido).

La ley lo prohibe, pero sigue existiendo. Esta pauta es muy habitual en España: la norma es "demasiado" restrictiva pero en realidad no se cumple. En este contexto, desaparecen los parámetros objetivos que permiten generalizar las expectativas y queda sólo la arbitrariedad y la realidad del poder descarnado. Se puede tocar o no dependiendo de si Venus está alineado con Marte, de la fiebre que le entre a los poderes locales, de lo bien que te lleves con tus vecinos, con los políticos o con la policía, de tus relaciones con los poderosos. Pero, además, la cosa puede ser confusa. Policías locales suspenden conciertos organizados por el Ayuntamiento o paralizan eventos sin que nadie se haya quejado. Otras veces la policía irrumpe por la tarde en una clase de guitarra o en un ensayo antes de que empiece porque alguien ha visto entrar a una persona en un bar con una funda de guitarra (!) Hay bares malditos y hay agravios comparativos. Se plantean prejuicios sobre formas de vestir o sobre los grupos sociales a los que supuestamente les gusta tal o cual música. Un tremendo caos jurídico al servicio de las incoherencias del poder. No puede discutirse sobre elementos objetivables como el volumen, el horario o la insonorización. Si no tienes licencia -y no puedes tenerla- te puedo crujir. Pero lo haré cuando me apetezca, o cuando me convenga.

Al hilo de estos problemas surgió la plataforma Salvemos el Directo. Nuestra plataforma no reclama el derecho a molestar, ni pide que los músicos podamos hacer lo que nos dé la gana. Simplemente pide la regularización de una actividad muy consolidada y muy necesaria e; esto implica que la actividad se regule razonablemente y toda regulación implica la imposición de límites. Así, por ejemplo, si fuera posible sacarse una licencia de "bar con música en directo", las autoridades podrían controlar que estos bares cumplieran debidamente con los requerimientos de insonorización. No es un juego de "suma cero" en el que unos ganan y otros pierden: todos los afectados pueden ganar con unas reglas decentes.

El martes pasado algunos miembros de esta plataforma, con la intermediación y ayuda del parlamentario andaluz por IU, Ignacio García, nos reunimos con el Director General de Espectáculos y parte de su equipo. Creemos que la reunión ha sido provechosa y que hay una buena disposición para cambiar el catálogo e incorporar una regulación más razonable que pondere los diferentes intereses en juego. Eso sí, el cambio no está hecho aún y el proceso puede demorarse un poco. Es el momento de que vayamos reuniendo apoyos que demuestren que no somos cuatro locos con ideas raras, sino que realmente hay una demanda social que atender.

Eso sí, no hay que pensar que los problemas de la música en directo van a terminarse si conseguimos esta reivindicación. Se trata simplemente de que por lo menos haya unas reglas de juego mínimas a las que atenerse. Con eso, creo que habremos ganado mucho, pero no todo lo que hace falta.

domingo, agosto 03, 2008

PACTAR CON EL "DIABLO" DE LA ENCRUCIJADA

"¡Cómo demonios lo hace!" Eso fue lo primero que pensé la primera vez que escuché a Robert Johnson. Hoy, sólo un poco menos "inocente", sé que su mérito no era tanto el dominio de la técnica como su capacidad para abrazar la raíz de las cosas, pero en aquel momento lo que me llamó la atención fue la orquesta sinfónica que se montaba él solito y sin trucos en aquellas grabaciones cutres y salchicheras de los años 30, que no daban para mucha "trampa". Oía a la vez el bajo, los acordes, el "punteo", la voz y los ángeles del cielo unidos en un totum revolutum misterioso. Un día, en una de esas encrucijadas que tiene la vida, alguien me enseñó que se podían utilizar afinaciones abiertas para tocar con el slide: de esta manera, era más fácil acercarse a esta sinfonía de los hombres-orquesta callejeros; bastaba con cambiarse el chip de las ideas preconcebidas y plantearse que el instrumento se podía afinar de otra manera y entonces se podían descubrir nuevos sonidos.

"¡Cómo demonios lo hace!" Debieron pensar -literalmente- los "inocentes" de su pueblo, cuando escucharon que el bueno de Bobby, el chaval mediocre que se marchó del pueblo guitarra en mano a buscar a su padre biológico, había vuelto tocando como los ángeles del cielo y era capaz de abrazarse a la raíz de las cosas. Y lo pensaron literalmente, dado que sólo podía haber una respuesta (mito)lógica: por supuesto, había vendido su alma al Diablo a cambio del don de la música. Aquella sociedad era bastante "supersticiosa", pero en realidad estos esquemas mitológicos son la sustancia de cualquier vida. El viaje de Robert Johnson, como todos los viajes narrados, recuerda al "camino del héroe" que Joseph Campbell describió en su "monomito": el héroe desenraizado marcha a buscar a su padre verdadero, recibe ayuda "sobrenatural", obtiene un don y vuelve con él a casa, pero la casa ya no puede ser la misma, porque el don la ha cambiado. En este caso, la ayuda "sobrenatural", el "Diablo" mistagogo, fue seguramente el bluesman Ike Zinnerman, un "extraño" (emigrante del Estado vecino de Alabama), que le enseñó a Bob su "sorprendente" técnica durante aquella ausencia. El propio Zinnerman afirmaba que había aprendido a tocar la guitarra practicando a medianoche sobre las tumbas de un cementerio; a menudo el "viaje" de los héroes es un descenso al mundo de los antepasados o de los muertos. Cuando nuestro héroe volvió a casa, la gente del pueblo, cerrada en los esquemas cognitivos de su pequeña aldea (diría Eliade, el centro del mundo, más allá del cual se extienden el Caos y los demonios), pensaba que aquella técnica "desconocida" no podía venir más que del Infierno; nadie es profeta en su tierra.

No parece que Robert desmintiera demasiado esos rumores y tal vez incluso se jactara de aquel supuesto pacto, como había hecho antes su maestro. De hecho, en su canción "Me and the Devil" parece mostrar su "simpatía por el diablo", que dirían los Stones, aunque en su texto yo leo más bien la historia de un hombre borracho que pega a su mujer y que ya ni se reconoce a sí mismo. En Hellhound on my trail, los sabuesos del infierno están tras la pista del protagonista, lo que en mi opinión es simplemente una imagen para describir la desesperación. Más conocida es aquella canción que suscitó mi admiración sinfónica en la adolescencia, "Crossroad" (Encrucijada), que les pongo más abajo; no creo que la letra hable del Diablo, sino de alguien que está en una encrucijada haciendo autoestop, hundido y acojonado, invocando la piedad divina; a saber de qué o de quién huiría Bob, un tipo que murió envenenado a los 27 años en un lugar que, curiosamente, hoy es una encrucijada entre la autopista 82 y la 69E. Pero esta canción se relacionó con el arquetipo del pacto con el Diablo en la encrucijada y el Mito se hizo Carne. Tal vez recuerden la historia completa, popularizada por aquella película tontorrona, Crossroads, con una excelente banda sonora de Ry Cooder y un duelo guitarrístico entre el niño de karate kid y el virtuoso Steve Vai por el alma de un ficticio amigo de Robert Johnson.

Gracias a esta canción, la leyenda de Robert Johnson se funde con la de otro bluesman del mismo apellido pero que no le "tocaba" nada, Tommy Johnson, otra figura influyente en el Delta del Mississipi. Del mismo modo que Zinnerman hablaba de las tumbas, este otro Johnson afirmaba haber ido a una encrucijada a medianoche para aprender mágicamente sus habilidades musicales a través de un iniciador misterioso: "Si quieres aprender a hacer canciones por ti mismo, coge tu guitarra y ve donde se cruzan los caminos, donde está la encrucijada. Quédate allí, y asegúrate de estar allí hasta poco antes de medianoche. Tienes que estar tocando una canción con tu guitarra. Un hombre grande y negro vendrá, cogerá tu guitarra y te la afinará. Entonces tocará una canción y te devolverá la guitarra. De esta manera aprendí a tocar cualquier cosa que quiera".

La verdad es que aquí tampoco se menciona directamente al Diablo, pero es habitual no mentarlo directamente, por si "las moscas" (nunca mejor dicho) o utilizar motes eufemísticos. La expresión utilizada por Tommy Johnson, "Un hombre grande y negro" es la misma que utilizó Washington Irving para describir al Viejo Rasguño (Old Scratch), la encarnación del Diablo con la que pactaría Tom Walker en un relato escrito en 1824; por lo demás, se describe al Viejo Rasguño como un "salvaje" y se vincula a la religión de los "extraños" del momento, los "indios". Esto nos llleva a preguntarnos si el demonio de Tommy Johnson se trataba de la "demonización" de alguna creencia africana. No cabe duda de que tendemos a demonizar las extrañas creencias de los "Otros", creamos o no en el Diablo (hasta la palabra "demonio" viene de Daimon, un intermediario entre los dioses y los mortales en el mundo grecorromano); así, por ejemplo es interesante contemplar el proceso histórico a través del cual las "brujas" pasaron de ser reminiscencias de cultos "paganos" a adoradoras de Satán: con el paso de las generaciones, las brujas terminaron creyéndose las calificaciones de los inquisidores (profecías autocumplidas). Algunos piensan que el demonio con el que "pactaron" los Johnson no era otro que Eshu, una deidad Yoruba, Embaucador y guardián de los caminos y las encrucijadas, que representa las cuatro direcciones. Hay una vieja historia yoruba en la que el ambivalente Eshu engaña a la gente con un sombrero de varios colores; nadie puede ponerse de acuerdo en el color del sombrero y todos discuten, dado que cada uno sólo puede contemplarlo desde la dirección de la que mira. Como los paisanos de Robert Johnson, como los inquisidores que inventaron brujas satánicas, no veían más que lo que le permitían sus rígidas categorías mentales. Pactar con Eshu puede ser entonces atrevernos a mirar más allá de nuestras fronteras mentales, que nublan nuestra percepción, atrevernos a cambiar la afinación, escuchar a ese extraño Otro que vive en los caminos y canta el blues saltando entre las tumbas a medianoche. La encrucijada es el lugar desde el que se dominan las direcciones, otro centro del mundo, el lugar donde uno puede encontrar la raíz de las cosas.

Ahora bien, si creemos que esto es simplemente un mito africano mal entendido, nos estamos dejando engañar una vez más por el dios de las encrucijadas y estamos viendo sólo una parte del sombrero. Nuestros rígidos sistemas de categorías que conciben las "culturas" como compartimentos estancos, separados e intemporales no son amigos de los matices y podemos terminar diciendo, por ejemplo, que el blues es música africana, cuando lo cierto es que sólo fue posible en un contexto determinado donde se mezcló mucha gente de muy distintos sitios. El estudio del folklore es una buena receta para curarse de los esencialismos etnicistas y nacionalistas a los que estamos acostumbrados. Cuando examinamos las leyendas que se enarbolan como banderas identitarias, descubrimos que están "normalizadas" y que tres pueblos más arriba varían sustancialmente y que, si no nos perdemos en esos detalles, siguen existiendo fuera de nuestras fronteras imaginarias y que, si nos ponemos abstractos, a grandes rasgos se repiten en lugares muy alejados en el tiempo y en el espacio. Nos topamos con eso que los antropólogos llaman la "unidad psíquica de la humanidad", en las antípodas todo es idéntico a lo auctóctono. Desde luego, el tema del "pacto con el diablo" es muy antiguo en eso que torpemente llamamos "cultura occidental". No sé si los inmigrantes alemanes en América habían oído hablar de la famosa leyenda de Fausto, pero hay muchas otras, muchísimas. Algunas se refieren también a músicos (Paganini, por ejemplo) y también algunas se refieren a encrucijadas. De hecho, en el imaginario folkclórico "español" -en realidad, por toda la Europa medieval- es muy conocida la leyenda de Teófilo, que fue recogida en los "Milagros de Nuestra Señora" de Berceo. Buscando salir airoso de las intrigas eclesiásticas, Teófilo termina acudiendo a un hechicero judío (los definitivamente Otros de la época, otra vez el extraño), que lo termina por conducir a una encrucijada donde hace un pacto con el diablo para medrar en la Iglesia.

En efecto, el simbolismo de las encrucijadas es enormemente rico. Cuando el héroe abandona su hogar, al principio del viaje, la primera encrucijada puede ser el umbral que separa su pequeño mundo del Otro Mundo, ese lugar extraño donde habitan los demonios extranjeros; donde se empiezan a tomar otros caminos, donde empiezan a tomarse decisiones. De ahí la conexión de las encrucijadas con los "ritos de paso" que organizan las transformaciones vitales (normalmente, al amparo de algún iniciador): y todo mito -toda historia- nos habla de una transformación, de un paso. Por eso se cree que las encrucijadas son puertas al otro mundo y al país de los muertos, al que normalmente se debe acudir guiado por algún "ayudante sobrenatural" o psicopompo, guía en el país de los muertos. No sólo el psicopompo Hermes, el Eshu griego, vive en las encrucijadas, sino también Hécate, la diosa de las brujas. Fantasmas, brujas, duendes y espíritus se dan cita en esos puntos neurálgicos de la vida, donde no se ve el final de los caminos. Suicidas y criminales eran enterrados en los cruces de caminos, en los límites de la sociedad biempensante y así los bluesmen pueden bailar sobre sus tumbas. En la encrucijada uno puede encontrarse al monstruo que hay que derrotar para pasar, o bien al guía que muestra el camino que hay más allá del umbral, pero en cierta medida, el monstruo y el guía son la misma persona. Como Robert Johnson, el héroe Edipo también había salido para buscar a su padre, con la diferencia de que Edipo no lo sabía; cuando se encuentra a su viejo en una encrucijada, no lo reconoce (como los discípulos de Emaús) discuten por el paso y tienen un duelo de sables-luz en el que finalmente Luke Skywalker mata a Darth Vader, quiero decir, a Mefistófeles, esto es, al padre de Edipo.

"Allá donde se cruzan los caminos" es donde se encuentra con lo desconocido y, en lo desconocido, con la raíz de las cosas. Salimos de nuestra pequeña aldea mental, de nuestro pequeño mundo de categorías rígidas y nos encontramos, más allá de las fronteras, "cara a cara" con el que percibíamos como radicalmente "Otro" (el gigante negro, el salvaje indígena, el judío del guetto, el buen samaritano), con el extranjero, con el adversario. La raíz de las cosas es una Caja de Pandora, que puede contener todos los bienes o todos los males de la tierra. El resultado depende en gran medida de si somos capaces de reconocer al extraño del camino, de si somos capaces de pactar con el diablo de la encrucijada, nuestras profecías nefastas pueden autocumplirse como las de los inquisidores que crearon a los satanistas, pero también podemos aprender a contemplar otros lados del sombrero de Eshu. Habiendo salido de nosotros mismos, nos encontraremos entonces con nosotros mismos, "si quieres aprender a hacer canciones por ti mismo" es necesaria la experiencia del "extrañamiento" que nos saca de la rígida letanía de sobreentendidos del automatismo perceptivo. No es la "fusión" de "culturas" sino más bien la apertura del portal entre los mundos culturales. Nos abrimos al mundo y después de bailar con los duendes y las brujas sobre las lápidas de los ancestros, opera entonces una transformación, podemos volver a casa sin las orejeras del burro, con el don de los héroes, eso que nos permite hacer aquello de lo que no nos sentíamos capaces.

sábado, mayo 24, 2008

"MERENGUE DE CALLE"

Convencido de que el arte no es sólo para los genios sino también para la gente común, soy aficionadillo a perpetrar relatos y, sin embargo, no me he atrevido nunca a escribir ninguno relacionado con la migración o los migrantes, tal vez porque tengo un poco de miedo de descubrirme incapaz de entrar en la piel de estas personas. Por eso, aprecio mucho este esfuerzo de inmersión que ha hecho Mon (que no es dominicana, sino española) al componer este pequeño relato, más corto que mi verborreica presentación, que llegó a ganar un concurso internauta.

No creo que esta historia tenga moraleja, ni falta que le hace. Basta con esa magia de la literatura que nos hace ser poseídos por otras personas, vivir otras vidas y tal vez despertar del sueño comprendiendo mejor al ser humano. En este caso, hay que leerlo con música, que les enchufo aquí abajo. Mon nos cuenta que el merengue de calle de la música y el título "[...] es una música urbana que mezcla las raíces del merengue con otros ritmos como el hip hop, se baila sin pareja y es propio de las clases más bajas. Nace entre inmigrantes, de ahí la mezcla de géneros y de ahí que los más puristas hablen de transculturación [...], no deja de ser otra consecuencia de los movimientos migratorios, la fusión de expresiones culturales y la oposición de quienes prefieren ser fieles a las raíces".



MERENGUE DE CALLE (relato de Mon)


“Arriba la mano... abajo la mano”. Erick Moisés, bajo y musculoso, se desplaza por el andamio con la agilidad de los gatos. Se acabó de estar de feo para la foto, ahorita su gordi estará llegando en el avión, y mira al cielo con un chin de lujuria. Con la llana recta revoca el modillón sin que le tiemble el pulso, aunque divisa el pavimento a vista de pájaro desde ese piso doce que corona el edificio. El huevón del encargado está varias plantas más abajo, Erick Moisés se siente libre y menea las caderas sin necesidad de inclinar el cuerpo de un lado para otro.

“Arriba la mano... abajo la mano... péguese un poquito...”. No más guayaberos con sus embustes, Erick Moisés ya no es un “sin papeles”, ta’ pegao’, por la puerta chica, un simple peón, pero ya está dentro. Retranquea la cornisa, toma el piruli y comprueba si los puntos maestros del revoque están aplomados: chévere, está bueno. Con los ojos aún entornados ya se goza del culipandeo de su chula, como si estuvieran bailando, el movimiento sale de sus muslos, con las piernas semiflexionadas, sin despegar los talones del suelo.

“Arriba la mano... abajo la mano... péguese un poquito... un poquito más”. Erick Moisés se ha puesto puto, puro bonche será todo cuando esté la mamacita, no más darle mente al envío de los giros, ahora sólo girarán pegaditos, arriba, arriba, hasta bailar en horizontal. Y tendrán un chichí que nacerá en esta tierra, que no tendrá que andarse con fuñendas con los de inmigración, su chichí tendrá de todo como los jevitos nativos, ¡sí señor! Erick Moisés sube la carretilla cargada de argamasa por el rampón que lleva a la azotea, la empuja con la pelvis, perreándola, mientras le sonríe a un avión que cruza el cielo. Un cajetazo de la carretilla le obliga a bajar la vista, la carga se ha descompensado, quiere equilibrarla, pero la gravedad tiene más fuerza. Erick Moisés habrá tomado tierra antes aún de que el avión aterrice.

martes, septiembre 04, 2007

EXTRANJERO EN TIERRA EXTRAÑA (FIN DEL VIAJE)

Mira por dónde. Buscando en el youtube un producto "nacional" para terminar el viaje a través de las canciones extranjeriles regresando a casa, me encuentro con una canción de un cantautor llamado Migueli, que siempre me viene a la cabeza cuando pienso en canciones sobre el tema, pero me decía "No, hombre, Migueli no estará en el youtube", no sé por qué. Pues aquí lo tenemos, tocando en Libertad 8 de Madrid donde lo reencontré no hace mucho. Buena forma de cerrar el círculo, pues le tengo mucho cariño a Migueli, y también mucho cariño musical (lo conozco desde muy pequeño y crecí escuchando sus canciones), así que esto sí que es regresar a casa de unas lejanas vacaciones por el blues.

También hay una anécdota que él no conoce y que no viene a cuento pero se me está escapando y no puedo evitarlo. Cuando era apenas un adolescente, Migueli vino un día a mi casa y estuvimos enredando un rato con un teclado que mis padres me habían comprado por si podíamos hacer algo con mis problemas de psicomotricidad; al rato me dijo algo como "oye, tú tendrías que tocar la guitarra". En mis oídos sonó como "esto se te da bien, chaval, agarra la guitarra de una vez" y, viniendo de un tío que escuchaba en cinta de casette era como algo muy grande. Bastante después, un día cualquiera en el que tenía una guitarra a mano, me resonó esa frase de pronto; cogí rápidamente el instrumento con el firme propósito de aprender a tocar del tirón y apenas lo he soltado desde entonces. No sé si he llegado a aprender lo suficiente, pero hoy no soy capaz de imaginarme qué vida tendría si me hubiera enganchado a la guitarra (que curiosamente, tampoco hubiera tocado de no ser tan torpe).

Bueno, a lo que vamos, pongamos la canción. Aviso a los navegantes: si ha venido hoy a esta encrucijada algún alérgico a los cirios, bienvenido seas, y no dejes que las referencias sacras (Migueli es cantautor cristiano) pongan otras "fronteras de papel" entre ti y el espíritu del cante, que está más allá de las palabras; ya dijimos que es ubicua y panhumana la experiencia de la communitas. Haz como el maestro Ibn Arabi, que abarcaba todas las formas, incluso en tiempos muy revueltos y todavía más interesantes, cuando las referencias sacras eran obligadas.

Esta vez no voy a traducir la letra al castellano, claro, pero por si acaso (¿algún extranjero, precisamente?), la tenéis en este enlace, junto con una versión de estudio posterior a la de siempre cantada a dúo con Ismael Serrano.



(Y a la próxima, volvemos con los usuales ladrillos, esta vez a vueltas con el concepto de "raza").

viernes, agosto 31, 2007

EXTRANJERO EN TIERRA EXTRAÑA (IV) EL BLUES DEL EXTRANJERO

Seguimos con el juego de las canciones. En este caso, parece que en la letra de este viejo blues tantas veces versionado, la experiencia de "extrañamiento" no es metafórica... pero en este caso no creemos que haya traspasado las fronteras formales de ningún estado-nación. La experiencia es vieja y no depende de donde pintemos las fronteras. La letra pierde mucho con mi horrenda traducción, poco literal, y además el vídeo no se corresponde exactamente con ninguna de las versiones que encuentro en Internet, ni siquiera con las dos de los intérpretes que salen en el vídeo. Así que he tenido que afinar el oído, pero no lo suficiente para saber qué dice la canción tras la exclamación de ¡Extranjero!, así que me lo invento.

Insisto en lo que decía en el comentario a la canción de Clapton. No se trata de que nos deprimamos o nos volvamos pesimistas. Se trata de expresar una experiencia real para que podamos entenderla y si acaso conjurarla: lo que cuenta el bluesmen se lo he oído a otras personas con otras palabras e historias para no dormir.



Aquí soy extranjero, caí por tu ciudad.
Aquí soy extranjero, caí por tu ciudad.
Al ser extranjero, todo el mundo abusa de mí.

A veces me pregunto por qué hay quien trata así a los extranjeros.
Sí, a veces me pregunto por qué hay quien trata así a los extranjeros.
Podría ser el mejor amigo que nunca vas a conocer.

Escribiré a mi padre para que me mande el billete de vuelta.
Sí, voy a escribir a mi padre para que me mande el billete de vuelta.
Si no me lo envía, no me importa volver andando.

Volveré a casa gastando 99 pares de zapatos.
Volveré a casa gastando 99 pares de zapatos.
Cuando haya regresado, se acabará el viejo blues del extranjero.

Me pregunto si mi chica sabe que estoy aquí.
Sí, Dios, me pregunto si mi chica sabe que estoy aquí.
Si es así, no parece que le importe.

No le importo a nadie y te diré por qué...
Nadie me quiere y te diré por qué...
es porque soy extranjero ¡extranjero! es la verdad

Aquí soy extranjero, caí por tu ciudad.
Aquí soy extranjero, caí por tu ciudad.
Te lo pediré como un favor:
Por favor, no me rechaces.

domingo, agosto 19, 2007

EXTRANJERO EN TIERRA EXTRAÑA (III) CUANDO ERES RARO



Bueno, pues ya estamos de vuelta y seguimos de momento dándole la vuelta a la metáfora del extranjero en las canciones. Hoy nos toca un vídeo de "the Doors": "People are strange": la gente es rara.

Como en la entrada anterior, no es que me quede muy contento con la traducción de la letra, que tienen por aquí en inglés.

La gente es extraña cuando eres extranjero,
Los rostros parecen más feos cuando estás solo.
Las mujeres parecen viles cuando no te quieren,
Las calles son ásperas cuando estás mal.

Cuando eres extraño
Las caras salen de la lluvia
Cuando eres extraño
Nadie recuerda tu nombre
Cuando eres extraño,
Cuando eres extraño,
Cuando eres extraño.

jueves, agosto 09, 2007

EXTRANJERO EN TIERRA EXTRAÑA (II): Extranjero solitario

Habíamos prometido darle la vuelta a la metáfora del extranjero a través de algunas canciones. Venga aquí la primera, "Lonely stranger" de Eric Clapton. La letra la he traducido un poco libremente, por impulsos y puede que no muy fielmente, dado que mi inglés es de andar por house y se me escapan las expresiones.



Debo ser invisible;
Nadie me conoce.
Me he arrastrado a cuatro patas
por callejones sin salida

Nací con una sed atroz,
con hambre de libertad
Pero he ido aprendiendo a lo largo de los años.
No intentes animarme.

Porque aquí soy un extranjero solitario
al que se le pasaron los días alegres
Y no sé qué es lo que está pasando
Así que seguiré mi camino.

Cuando me veas caminando, quédate atrás
No te acerques a mí,
Porque está claro que terminará mal
Déjame estar.

Hay quien dirá que no soy un buen tipo
Quizás yo mismo esté de acuerdo
Echa un vistazo y márchate
Por mí está bien así
.

Porque aquí soy un extranjero solitario
al que se le pasaron los días alegres
Y no sé qué es lo que está pasando
Así que seguiré mi camino.

jueves, agosto 02, 2007

EXTRANJERO EN TIERRA EXTRAÑA (I)

Cuando nos encontramos, de una manera u otra "en el extranjero", salvo que estemos muy acostumbrados, bien acompañados o nos hayamos apropiado ya en nuestros corazones del territorio y de la gente, tendemos a sentirnos raros. Creo que ese sentimiento siempre o casi siempre está ahí, aunque su intensidad depende de muchos factores (la costumbre, los recursos económicos, la distancia cultural, el dominio del idioma, la regularidad de la estancia, etc.) y a veces es tan pequeña que lo que digo ahora puede resultar exagerado, pero es parte de la verdad.

Se amplifican todas nuestras inseguridades, nuestros miedos e incluso nos puede dar algo de manía persecutoria. Podemos pensar, por ejemplo, que la gente nos mira mal o que nos ignora con desprecio, o que se ríe de nosotros, o que quiere hacernos daño. Puede ser que incluso nuestros resortes defensivos se despierten cuando nos tropezamos con gente físicamente distinta a nosotros, que percibimos como "de otra raza" (comprender nuestro racismo es la única manera de controlarlo), pero también cuando se comportan de manera distinta, cuando siguen rutinas que no conocemos, cuando hablan una lengua extraña. Una pequeña contrariedad, un malentendido de escasa importancia, un rasgo cultural que no es muy relevante pero no entendemos bien, pueden convertirse a nuestros ojos en grandes problemas.

Yo que además tengo un problema crónico de orientación me he visto alguna vez en el extranjero vagar solo por calles que no conozco, titubeante, confuso, sintiéndome más débil, más desvalido, más reducido en mis capacidades. Cuando pasamos el día entero hablando en una lengua ajena, en la que no pensamos, terminamos la jornada destrozados, con el cerebro "recalentado" por el esfuerzo. Si estamos solos es más fácil que nos acechen la melancolía, la morriña, la nostalgia. Buscamos consuelo en la compañía de nuestros compatriotas, pero es probable que siempre nos quede un punto de insatisfacción, de vacío. Me descubro español en el extranjero, gaditano en Madrid o Cáceres, madrileño o cacereño en Cádiz y así sucesivamente (agnóstico de Patrias/me encuentro aunque no quiera/naciones en la ausencia/que forjan mi conciencia/y tejen mi bandera, escribí una vez en una canción que casi he olvidado).

Cuando hemos experimentado estas sensaciones en pequeñas dosis, somos más capaces de empatizar con sus manifestaciones más dolorosas, que, si bien no son comparables, guardan un fondo común. Cuando escuchas las narraciones del migrante que lo abandonó todo en pos de un sueño, del migrante ilegal que teme más a los policías que a los ladrones y procura vivir oculto en las profundidades de la sociedad, del extranjero que ya no se siente arraigado ni en su nueva casa ni en la antigua... rozas de pronto con algo tuyo y te ves reflejado en el Otro, así como los antropólogos se encuentran con ellos mismos y con la naturaleza humana desde la técnica del "extrañamiento". Cuando alcanzamos esta empatía comprendemos mejor, asumimos mejor, somos más cautelosos cuando exigimos más integración (aunque no dejamos de buscarla).

Ningún sitio como en casa para sentirse extranjero. Algunos artistas utilizaron la metáfora del extranjero, del extraño, para hablar seguramente de sus propios sentimientos, de sus propias neuras, inseguridades o tristezas, pero al hacerlos canción, dejaron de ser suyos y se convirtieron en símbolos, en mitos que nos hablan del ser humano. Pero las relaciones simbólicas tienen varias direcciones: podemos vernos reflejados en estas canciones, sentirnos extranjero, y luego darles la vuelta y sentirlas vinculadas a los migrantes con los que convivimos cada día, que a menudo se sienten extranjeros en en tierra extraña.

Dado que estamos en agosto y el calor reblandece nuestros cerebros (al menos el mío), en las próximas entradas, en lugar de soltar algún discurso pretendidamente sesudo (pensaba hablar del mercado de trabajo, pero lo dejaré para otra ocasión), voy a intentar colgar alguna de estas canciones (con video de youtube y traducción) para que quien quiera se apunte al ejercicio.

domingo, octubre 08, 2006

FRONTERAS DE PAPEL

El mundo era más joven y estaba por hacer. Tendría unos 17 años cuando compuse mi primera canción "de verdad" (y acaso la más lograda). Así pues, hablamos de principios de los años 90, cuando la prensa no hablaba de migraciones un día sí y otro también, los extranjeros eran escasos fuera de las grandes ciudades y los españoles gastábamos un fácil discurso antirracista desde la lejanía. A mí, sin embargo, el tema me quemaba el alma, por razones desconocidas. Sólo había experimentado la sensación de sentirme extranjero por un breve período (y además, en general, feliz) y sin embargo me asaltaba un chispazo especial de empatía cada vez que se hablaba de los "inmigrantes". Esta canción es en parte el fruto, en parte la raíz de esta empatía.

Su música me sigue gustando mucho, aunque se salga mucho de mi estilo habitual, más bluesero y menos jeviorro. Se trata de un rock fuertecito, pero no demasiado, que termina con una cosa instrumental extraña, con la que intentaba emular melodías arabescas sin haberlas escuchado en mi vida. También me gustan mucho los arreglos concretos que utilizamos en esta grabación, efectuada más tarde (en 1999) por el psicoanalítico grupo "Qué diría Freud": yo me dedico a cantar y a tocar la guitarra principal, el Pelu a las guitarras de fondo, Santi al bajo, Juan a la batería. Con las prisas, tuvimos que permitir la supervivencia de unos imperdonables fallos de tiempo que hoy me provocan una especie de nostalgia vergonzosa.

La letra -directa y concisa- está totalmente exenta de valor poético. Hoy me parece un poco ingenua. Ciertamente, he leído, estudiado y aprendido algunas cosas sobre migraciones y sobre discriminación desde aquellos días primigenios, de manera que hoy el análisis me puede parecer más bien simple (por ejemplo, en la exageración del papel del color de la piel, que hoy para mí no es más que una pista que desata la categoría social). Pero de todas maneras, las canciones no están para hacer análisis racionales (para eso hay otros vehículos), sino para construir mitos, despertar emociones, dialogar con las raíces profundas de la realidad. Sucede sin embargo que cuando hice esta canción no había conocido ningún inmigrante real y escribía desde la torre de marfil de la imaginación. Años después, muchos de estos extranjeros han pasado por delante de mi vida, algunos ocasionalmente, otros como amigos de verdad. Me han contado sus historias, sus miedos, sus preocupaciones, sus sueños y el rastro de su presencia se me ha quedado pegado a la piel, haciéndonos formar parte de un mismo solidum humano. El extranjero de la canción me parece idealizado, lejano, heroico. El que percibo ahora tiene debilidades, por eso es una persona, digna de verdadero afecto humano más que de diatribas abstractas.

A pesar de esta inocencia, decía antes que esta canción no es sólo fruto, sino también raíz de mi empatía. Porque ahora, sinceramente, tengo la sensación de que si he leído, estudiado y aprendido algunas cosas sobre el tema, si me he acercado al fuego para que los Otros me cuenten sus historias, ha sido siempre persiguiendo las notas y las palabras de "Fronteras de papel", siguiendo el transcurrir implacable de una melodía y de unos gritos un poco rabiosos. Con toda su mediocridad y su torpeza tengo la impresión de que, viajando por el mundo de las Ideas para rescatar esta canción de la nada, atisbé y palpé por casualidad -y sin mérito- uno de los cimientos de la vida. Que no haya sido capaz de expresarlo para que otros hagan el viaje, es otra cosa. Por si hubiera problemas de última hora, la canción también está aquí.