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martes, octubre 17, 2006

EL ESENCIALISMO CULTURAL

(imagen de http://www.faupel-art.org/)
Aunque no lo parezca, aquellos que propugnan la superioridad de unas "culturas" sobre otras y los que, por el contrario, afirman la igualdad radical de todas las "culturas" tienen algo en común: ambos creen, cerebral o visceralmente, consciente o inconscientemente en las "culturas" como entidades discretas, objetivas, bien delimitadas, relativamente homogéneas y estables. Casi que podríamos decir exactamente cuántas culturas hay en el mundo y quedarnos "tan panchos". ¿Y si la pregunta acerca de si hay culturas superiores o no estuviera mal planteada desde el principio? Dedicaremos algunas entradas a esta cuestión.

Ciertamente, antes de Boas se hablaba de "razas", "pueblos" y "naciones", a veces como sinónimos. A partir de Boas se empieza a hablar de "culturas" como categorías de la diversidad étnica (aunque antes el término tenía una dimensión más bien universal); aunque no eran más que generalizaciones necesarias, inconscientemente se hablaba de las "culturas" como si fueran entidades vivas, ideas platónicas o seres metafísicos. Los antropólogos pusieron de moda este esquema de percepción de la realidad, casi como una necesidad para poder generalizar sobre pueblos tradicionales cuyo modo de vida se iba extinguiendo y la moda se propagó por doquier hasta el punto de que todo el mundo se lo terminó creyendo del todo. Como digo, anteriormente se utilizaban vagamente esquemas parecidos y también se interiorizaban hasta el punto de que parecían realidad objetiva (como otros productos "culturales"), pero lo cierto es que hoy hemos heredado los esquemas culturales que fraguaron aquellos antropólogos. Sobre todo ahora que las "razas" han caído en la desgracia de lo políticamente incorrecto, los "pueblos" gozan de mala salud y huelen a "comunismo" y las "naciones" están pegando los últimos coletazos.

Sin hablar de "culturas", en cambio, el eminente sociólogo Max Weber ya nos advertía frente a la imprecisión de lo étnico "La fuerza universal de la ‘imitación’ actúa en general en el sentido de hacer cambiar gradualmente, de un lugar a otro, los usos tradicionales, de la misma manera que cambian los tipos antropológicos en virtud de la mezcla de razas”[...] “Se acabaría así por arrojar seguramente por la borda el concepto global ‘étnico’. Pues es un término genérico completamente inoperante para toda investigación rigurosamente exacta."

¿Dónde está la imprecisión de este esquema? Pues básicamente en tres aspectos sobre los que no me puedo extender mucho hoy:

1) Pretende homogéneo lo que es heterogéneo: minimiza las diferencias individuales y minimiza las diferencias grupales dentro de lo que previamente se ha caracterizado como una "cultura". Para un español típico es lo mismo un turco, un árabe y un pakistaní (he oído hablar varias veces de una "cultura islámica"), cuando para ellos las diferencias pueden ser brutales (incluso ahora que parece que los medios de comunicación de los países musulmanes podrían estar reforzando una identidad común que siempre ha sido bastante tenue). Como si se tratara de una muñeca rusa podríamos entrar en más subdivisiones, y en divisiones de las subdivisiones hasta descubrir que también hay "subculturas" en todas las sociedades modernas, en las que se acentúa la especialización funcional y la diversidad; e incluso descubrir que hay cosas "culturales" más allá de las subculturas, pero todo esto lo tendré que aclarar en otro momento.

2) Pretende discreto lo que es continuo: establece unas fronteras ilusorias para demarcar el concepto ignorando que lo que previamente hemos llamado "culturas" no son compartimentos estancos, sino que operan en un mundo mucho más fluido de intercambio continuo y comunicación cultural entre personas, grupos y redes, en el que, por otra parte, las diversas "culturas" son manifestaciones diversas de la "unidad psíquica de la Humanidad", lo que hace que, en realidad, no sean "tan" diferentes. Un campo de juego muy divertido para ver esto es el estudio del folklore: busca una criatura mitológica que se venda como pura idiosincracia, por ejemplo, de una "nación" "autonómica" y empieza a percibir cómo varía brutalmente de un valle a otro de la misma Patria y como, por otra parte, en cierto modo es igualita a la de la tribu africana no-se-qué.

3) Pretende estable lo que es dinámico: la "cultura" -en sentido universal-, como rasgo biológico del ser humano tiene una indudable dimensión adaptativa. Los rasgos culturales están continuamente cambiando, creándose y recreándose, reciclándose desde la basura del pasado, cogiendo lo que ya está hecho y adaptándolo a las circunstancias (no quiero decir con esto que no puedan subsistir survivals, rasgos que un día tuvieron sentido y que terminarán desapareciendo o reconvirtiéndose). También el proceso continuo de comunicación que mencionaba antes, en el contexto antes citado de heterogeneidad implica una difusión continua de rasgos de un sitio a otro. De hecho, los primeros antropólogos académicos se vieron obligados a "mentir" al presente para poder registrar la historia, haciendo la foto de un cadáver o de un moribundo; quiero decir, que, en un principio, y en términos generales, trataron de describir las "culturas" "salvajes" en su "pureza", "incontaminada" del "hombre blanco". Pero esa situación YA no era real en aquella época; prueba de ello: el propio antropólogo.
Ya veremos más adelante si existe una alternativa epistemológica a esta simplificación -todo esquema cultural lo es- de las "culturas". Me importa resaltar ahora que la interiorización de este esquema cognoscitivo hasta las propias vísceras genera algunos problemas éticos en general bastante graves. A ellos me referiré en la próxima entrada.

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