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martes, septiembre 18, 2007

RAZAS: (III) Las razas no tienen genes

Como íbamos diciendo, durante un breve período de la historia de la Humanidad, el racismo de toda la vida se apoyó en un bastón fabricado con madera del árbol de la ciencia; se usaron algunas construcciones científicas para legitimar determinadas representaciones que, en realidad, tenían un carácter eminentemente social. Un buen día, el bastón se hizo astillas y descubrimos que los racistas eran los malos de la película, así que tuvimos que inventar nuevas formas de practicar el mismo deporte con otro nombre. Nuestro corazón liberal sufre cuando alguien trata a las personas "por el color de su piel", qué cosa tan absurda y tan ineficiente en nuestro mundo "meritocrático", que sólo tira a la cuneta a los que "verdaderamente" resultan "inútiles" para la acumulación de capital. Pero... ¿EN REALIDAD el fondo del "racismo" es tratar a las personas "por el color de su piel"?

Señalábamos en otra ocasión que eso no sucedía ni siquiera en el ejemplo de sistema racista por excelencia: el apartheid sudafricano. Si definían "blanco" como alguien que es obviamente blanco y no es generalmente aceptado como persona "de color", o bien que no es obviamente no blanco y es generalmente aceptado como persona blanca, es porque la raza es una construcción social y el "color de la piel" sólo un indicador. Desde luego, puede haber una cierta propensión psicológica innata al miedo o a la aversión frente aquellos que tienen la desfachatez de presentarse como claramente diferentes a "nosotros"; pero esta propensión se manifiesta con formas e intensidades diversas en las distintas sociedades, en función de factores socioculturales; así pues, ¿cuáles son en el fondo las principales causas del racismo? ¿Por qué se quería separar en Sudáfrica a "blancos", "negros" y "gente de color" (por usar la clasificación más simple)? ¿Era porque los blancos no querían ver a los demás "ni en pintura"? ¿Era una cuestión estética? Claro que no, aunque indudablemente allí donde domina una ideología abiertamente racista, la aversión tenderá a ser mayor. Sin estudiar el tema en profundidad, yo diría que había dos factores especialmente relevantes: el primer factor sería la búsqueda de la "pureza" cultural; lo que se teme no es tanto la cercanía de alguien de color extraño, sino la interacción de grupos humanos diversos y de pautas culturales diversas. El segundo factor, y quizás el más importante, sería la búsqueda desesperada de "identidad social" del grupo étnico dominante; simplificando: los "blancos" mandan, los "negros" obedecen, las relaciones de poder entre un grupo minoritario, pero muy significativo, de "blancos" y una mayoría de "negros" son desiguales, y esta desigualdad se reproduce y se perpetúa reforzando la identidad social "blanca" y evitando su "disolución" en la mayoría "negra". Los rasgos físicos son indicadores inmediatos de pertenencia al grupo, que permiten una rapidísima asignación de status (como pueden serlo las joyas, las ropas o el coche). La identificación inmediata de la casta dominante es el sueño de cualquier sistema de desigualdad intensa y por tanto el sistema se "esfuerza" por mantener esta "ventaja", una razón más para evitar la mezcla. Ciertamente, la vida es bastante más complicada que eso y las "razas" no son compartimentos estancos, de ahí esas definiciones legales grouchomarxistas, la entrada en acción de los coloured y todo eso. Por eso, como en los EEUU de la segregación, se prohiben (y aún así no consiguen impedirse del todo) los apareamientos entre lo que se consideran miembros de distintas "razas". Porque los apareamientos son elementos de confusión que dificultan la identificación de los que tienen la sartén por el mango, además de producir interacciones culturales que traspasan las barreras socialmente construidas. En EEUU, por cierto, la segregación y el odio a los "negros" eran consecuencia del fin del esclavismo: mientras los negros fueron esclavos, se les consideraba inferiores, claro está, pero no había leyes específicas de segregación ni Ku Klux Klan.

Tal vez, si queremos un modelo ideal de "racismo biológico" tenemos que irnos al otro ejemplo mítico, la Alemania nazi; eso sí, a tal efecto no importaba que los "judíos" de todo el mundo presentaran una enorme diversidad genética y fisonómica real, derivada de los dos mil años de "diáspora" de este grupo étnico y muy a pesar de las prohibiciones religiosas de exogamia. En el imaginario nazi, se fraguaban rasgos físicos prototípicos, pero luego no había métodos infalibles para la identificación de los judíos cuya genealogía no se conocía (de todas maneras, también se prohibía el apareamiento interétnico, para evitar la mezcla cultural y la confusión genealógica). La distinción entre "arios" y "semitas", dicho sea de paso, no se refiere estrictamente a genealogías biológicas, sino a "familias" lingüísticas. Los iraníes, por supuesto, son "arios", al menos los "persas", y también deben serlo los "gitanos" (que, como los "judíos", fueron perseguidos y exterminados por los nazis debido a la mera adscripción a un grupo social). Unos y otros hablan lenguas indoeuropeas, y es probable que por sus genes haya algo compartido con los antiguos pueblos que hoy llamamos "arios". Eso por no hablar de los judíos alemanes, que tenían una lengua aria, el alemán, como lengua nativa y probablemente tenían una semejanza genética significativa con los alemanes "puros" (más que un "ario" de más lejos, seguramente).

Ciertamente, los conceptos de "judío" y "alemán" se construían también sobre una base genealógica. Pero algo había que hacer con los "mestizos", los Mischlinge, otra vez los coloured, con otro nombre; no es posible crear fronteras impermeables entre las personas o mantenerlas por mucho tiempo sin que empiecen a "molestar" las zonas grises. Los Mischlinge no eran culturalmente "judíos", pero su "sangre" estaba "contaminada" de cultura judía porque alguno de sus antecesores lo fue (en ese totum revolutum de cultura, lengua y rasgos genéticamente heredados), de manera que se les aplicaba la normativa racial; nada que no se quite con un buen ritual de purificación: el Certificado de Sangre Alemana, un acto taumatúrgico de voluntad por el que el dios-Estado, "limpiaba" de su "sangre" la "raza" del sujeto (que podía ser, por ejemplo, un judío colaboracionista o un héroe de guerra con ancestros judíos), que se convierte misteriosamente en un "ario" de toda la vida. Otro ejemplo de que la "raza" es una construcción social y en este caso, la genealogía es un indicador que se usa para construirla, pero no es la raza misma.

Una vez hemos roto los esquemas dependientes de la supuesta conexión entre "razas" y Biología, podemos darnos cuenta de que en realidad los rasgos físicos no nos han abandonado del todo. O sea, que seguimos aplicando básicamente el mismo mecanismo que en la era biologicista, que en realidad era el mismo que se había utilizado en el racismo tradicional. Nada nuevo bajo el sol. Lo veremos en el próximo capítulo, donde trataremos de sintetizar las posibles moralejas para estos tiempos interesantes que nos ha tocado vivir más allá de la ya referida esterilidad de la distinción entre "etnia" y "raza".

viernes, septiembre 14, 2007

RAZAS: (II) El "impuro" pedigrí del racismo biológico

En la actualidad, no es infrecuente creer que las "razas" son algo distinto de las "etnias"; las primeras, se referirían a características físicas, biológicas, genéticamente heredadas, rígidas e inmutables; las segundas, a las más nebulosas e informes características "culturales", "nacionales" o "religiosas", contingentes y derivadas en último término de la "libertad humana". Según este discurso, el "racismo" sería algo profundamente irracional, repugnante, deleznable (algo en lo que el que suscribe nunca caería, por supuesto); el "etnicismo" en cambio, hay que valorarlo en cada caso, pues sólo los ingenuos multiculturales creen que "todas las culturas son iguales". Todo este discurso está equivocado de cabo a rabo, radicalmente, por más que pueda haber fragmentos deformados de verdad en él. Hoy nos ocuparemos sólo de uno de sus problemas, el hecho de que parte de una identificación miope. Las "razas" y el "racismo" se vinculan automáticamente con las concretas construcciones racistas de una serie de "científicos" en un brevísimo período de la historia (y aún así, contempladas de manera simplista). Vamos a verlo poco a poco, en dos entradas.

Las ciencias naturales tomaron la palabra "raza" del vocabulario común, y más concretamente del vocabulario social (como sucede con tantos otros términos científicos: "herencia", "ley", "híbrido", etc.). No obstante, es cierto que los discursos científicos e intelectuales en torno a la "raza" de los siglos XIX y XX reforzaron enormemente los usos sociales del término (que, como tal, era relativamente "nuevo" y se aplicaba también a seres inanimados). Ahora bien, se llamaran de uno u otro modo, es evidente que tanto las "razas" como el "racismo" son infinitamente más viejos que la Biología moderna, seguramente tan viejos como el ser humano. Por supuesto, el racismo folk de la era premoderna incluía también ambiguas referencias genealógicas, a la "sangre", a los antepasados comunes y a la descendencia aunque nuestros ancestros no supieran nada de los genes. Eso sí, como muestran los datos históricos y etnográficos, la metáfora de la "sangre" es -nunca mejor dicho- bastante fluida, se adapta a la realidad social y se combina alegremente con referencias culturales y lingüísticas (aún hoy se dice, por ejemplo, que los "gitanos", "llevan el flamenco en la 'sangre'").

El esclavismo y, sobre todo, la explotación colonial como elemento clave para el desarrollo del capitalismo industrial, tuvieron que contar con el prestigio ideológico de la "ciencia" para construir un discurso que legitimara y reprodujera las relaciones de dominación. Ello era "necesario", en primer lugar, porque los argumentos religiosos perdían fuelle en el mundo moderno y era preciso buscar nuevos profetas que dijeran lo que había que decir (era preciso algo más que la evangelización para legitimar la colonización); en segundo lugar, porque las élites ilustradas no podían ignorar en sus metáforas sanguíneas los revolucionarios descubrimientos de las ciencias naturales; Darwin había formulado la Teoría de la Evolución, influido curiosamente por el "darwinismo social" que lo precedió; por un camino separado, Mendel había empezado a descubrir lo que hoy llamamos Genética trasteando con "razas puras" de guisantes, aunque la verdad es que hasta el siglo XX no se le hizo ningún caso. Los científicos sociales, por su parte, construían también teorías apropiadas para su momento histórico. Marvin Harris explica mejor que yo todos estos condicionamientos: "El racismo folk, un sistema popular de prejuicios y discriminaciones dirigido contra un grupo endógamo, probablemente es tan viejo como la humanidad misma [...] Antes del siglo XIX, ninguna nación había recompensado nunca a sus sabios por probar que la supremacía de un pueblo sobre otro pueblo era el resultado inevitable de las leyes biológicas del universo".

Ya contábamos en otra ocasión que antes de Boas, casi todos los académicos (sea cual fuere su ideología) eran "racistas" en el sentido de que creían que había "razas inferiores"; en esas concepciones académicas, al igual que en el racismo popular de toda la vida, los factores culturales, físicos y lingüísticos se mezclaban de manera confusa. El centro de la discusión no estaba en el debate entre racismo y antirracismo (aunque muchas personas que creían en la existencia de razas inferiores se oponían a la esclavitud por razones "humanitarias"), sino más bien entre los deterministas raciales y los que, siguiendo la tradición de la Ilustración, daban preeminencia a la Cultura (como un proceso acumulativo universal derivado de la única Razón humana que, por supuesto, culminaba en ellos mismos) y creían que las "razas inferiores" -e incluso los orangutanes, para el ilustrado Lord Monboddo- podían ser encumbradas a través de la Educación, panacea que resuelve todos los males. Las teorías de Darwin, no hicieron más que dar "carta de naturaleza" (nunca mejor dicho) al evolucionismo social que lo había precedido, manteniéndose estos dos grandes planteamientos. En cambio, el descubrimiento de la Genética, impulsó durante algunas décadas del siglo XX un cierto énfasis en el determinismo entre ciertos científicos: los genes daban forma y estabilidad a la vieja metáfora de la "sangre"; las inflexibles leyes de la naturaleza legitimaban la dominación y la explotación. Los trabajos "científicos" sacaban las conclusiones más convenientes: "[...] el negro es la columna vertebral de la colonización africana; sin él, no sería posible la explotación de este continente salvaje y preñado de riquezas. No podemos, pues, prescindir del negro. Su brazo es sustantivo para el logro de los fines colonizadores en los tiempos presentes [...] Demostrado -como estimamos- que la capacidad mental del negro no llega nunca a adquirir el desarrollo suficiente para la comprensión de conceptos abstractos que rigen la convivencia del europeo medio, es indudable que para bien de la Colonia y de España convendría dar a la enseñanza una orientación más objetiva, enseñando al hombre de color aquello que es capaz de comprender [...] Al ambiente general de la Colonia ha trascendido también la facilidad con que el negro aprende trabajos de tipo imitativo [...] el producto obtenido por el negro es, cualitativa y cuantitativamente, peor que el del blanco, bien entendido que en el primer caso es cultivado directamente por el hombre de color, mientras que en el segundo lo cultiva, pero bajo la dirección del blanco, ya que éste no trabaja en estas latitudes por impedirlo el clima". (BEATO GONZÁLEZ Y VILLARINO ULLOA, 1943).

En la segunda mitad del siglo XX cambia el panorama: en primer lugar, comienza la descolonización (seguramente porque el colonialismo político ya no era útil para la expansión del capitalismo); en segundo lugar, los avances de las ciencias naturales (y también de las sociales) dificultaban cada vez más un uso instrumentalizado del conocimiento científico en favor del determinismo racial; en tercer lugar, el mundo estaba horrorizado y conmovido con las monstruosidades cometidas en los campos de exterminio nazis (convenientemente publicitadas por los vencedores de la guerra), que se habían legitimado en una forma sumamente "cientificista" de racismo; poco a poco, las diferencias de poder entre diversas "etnias" empiezan a legitimarse en otras justificaciones, que a veces incluso se sostienen precisamente sobre declaraciones formales de igualdad en el discurso público de las élites: "separados pero iguales", era el eslogan jurídico que permitía mantener la segregación en EEUU.

Se construye entonces por oposición un modelo demonizado de "racista", irracional, pseudocientífico, determinista, biologicista, malo maloso, empeñado en subrayar absurdas conexiones entre los rasgos físicos y lo "verdaderamente importante", que es el espíritu en versión laica, esto es, se llame así o no, la "cultura" (la belleza está en el interior, amigos). Esta imagen del racista es muy conveniente, porque nos permite conjurar nuestros demonios interiores, sin enfrentarnos a ellos. El "racismo" es un nuevo sanbenito, una nueva etiqueta, que ya sólo se atribuyen conscientemente algunos inadaptados o personas especialmente alejadas del discurso institucional de las élites; ciertamente, esta representación del racismo nos previene frente a algunas correlaciones ilusorias muy comunes (pero cada vez menos comunes) entre rasgos físicos visibiles y aptitudes o comportamiento, pero luego nos oculta todo lo demás. Esta imagen distorsionada del racismo en su totalidad se basa fundamentalmente ¡en el discurso determinista que algunos científicos mantuvieron durante unas pocas décadas de la historia de la Humanidad condicionados por las relaciones de poder de su época! O más bien en algunas reminiscencias de la derrota de estos científicos en el campo académico y en la subsistencia de algunos tropos sobre la inmutabilidad de lo genético, porque en realidad, ni siquiera durante el siglo XX, el racismo fue fundamentalmente biológico, como veremos en la próxima entrada.

martes, septiembre 11, 2007

RAZAS: (I) Todo lo que tiene nombre existe

¿"Existen" las razas? Como tantas otras preguntas, está mal planteada. Y, sin embargo, como tantas otras preguntas mal planteadas, nos hace discutir acaloradamente de vez en cuando. Unos enarbolan el pabellón cosmopolita de la Humanidad y afirman que no "existe" tal cosa, e incluso que el que crea en su "existencia" no es más que un "racista" (los racistas siempre son los otros); lo mismo la "raza" se nos cuela luego por la puerta de atrás, no hay nada peor que un "enemigo" invisible. Otros afirman que es evidente que "existen" las razas, pero que ello no supone necesariamente que unas sean "superiores" a otras: más aún, todas son iguales en dignidad; felices de haber evitado el fuego de lo políticamente correcto, acaso evitamos también preguntarnos si no hemos sucumbido a las brasas del esencialismo, esto es, a la esclavitud de las palabras.

Pensando más despacio, nos damos cuenta de que las "razas" no "existen" en sí mismas como fenómenos empíricos; lo mismo sucede con las "clases sociales", las marcas de coche o incluso las "especies" animales. Simplificando un poco podríamos decir que lo que "existen" empíricamente son los objetos que esas clasificaciones organizan, es decir, las personas, los coches o los animales (simplificando porque para percibir estos objetos como entidades separadas necesitamos también nombrarlos con categorías estereotipadas que agrupan cosas "similares": personas, coches, animales). Descubrimos entonces que la "raza" es un estereotipo, es decir, una categoría genérica que utilizamos para percibir y clasificar a los seres humanos. Es evidente que las clasificaciones raciales no son "casos de laboratorio", sino que tienen una gran importancia en la vida social; en ese sentido, "existen", sin duda. Como dice mi proverbio favorito, "todo lo que tiene nombre existe". Como mínimo existe en nuestra cabeza, como el Dios de Descartes, y eso no es poco.

La cuestión relevante, entonces, no es si las razas "existen", sino más bien para qué existen y para qué usarlas, si es que hay que usarlas para algo. Es decir, qué tipo de información nos aportan las "razas" como categoría para percibir la realidad humana ¿información social, cultural, moral, fisionómica, genética?

Antes que nada: las "razas" no son "esencias", ideas platónicas grabadas a fuego en el corazón de la realidad, entidades metafísicas eternas, inmutables, ajenas al devenir y la contaminación de la vida social; no hay "razas puras", castas prototípicas surgidas en el Origen de los Tiempos, unos descendientes de Sem, otros de Jafet y otros de Cam "siervos de siervos", que luego se combinan y entremezclan formando el confuso potaje que nos encontramos en la práctica. Las palabras en general, y las palabras escritas en particular tienen la capacidad de inocularnos el veneno de un platonismo inconsciente: discutimos incesantemente sobre si algo "es" o "no es" una "raza", una "nación", un "matrimonio," un "pariente", un "partido de izquierdas", como si en algún sitio estuviera escrito el libro mágico del significado esencial de las palabras, que nos hablara de un mundo más auténtico que el híbrido flujo contingente y caótico de la vida real.

Como cualquier otra clasificación, las "razas" responden siempre a la realidad de un momento concreto, a unos intereses, a unas necesidades perceptivas o clasificatorias, a una estructura social, a unas relaciones de poder, a una concreta oposición de identidades. Por eso es imposible saber a ciencia cierta cuántas "razas" hay en el mundo: se multiplican hasta el infinito cuando nos ponemos a ello, como en las complicadísimas categorías de "castas" en la colonización de América ("quinterón de mestizo", "cuarterón de mulato", "quasi limpio de origen", "sambo de indio", "cholo", "torna atrás", "calpamulato", "zambaigo", "albarazado", "no te entiendo"...) o en las taxonomías de los antiguos antropólogos físicos, que terminaron disueltas en el vacío a fuerza de multiplicarse: Cuando los antropólogos conocían solo unos cuantos caracteres descriptivos y métricos era factible una sistemática racial más o menos rígida, pero cuando el número de los rasgos raciales se incrementó, se llegó a la conclusión de que las diferencias interraciales no eran tajantes sino que su distribución se presentaba de forma gradativa, clinal. Hoy, a los antropólogos lo que les preocupa no es definir y ordenar los grupos humanos, porque se han percatado de que toda clasificación es arbitraria, incompleta y confusa, sino conocer las causas de su variabilidad.” (VALLS, 1980)

En esto las "razas" no se diferencian de las "etnias". Yo aún diría más; las "razas" no se diferencian EN NADA de las "etnias". Quiero decir que no hay razones epistemológicas para separar ambos conceptos y que los recientes intentos de distinguir una cosa de la otra plantean dificultades en la lucha contra el racismo; para empezar, dado que son la misma cosa, "creer" en las "razas" es tan "descabellado" o tan "razonable" como "creer" en las "etnias", cosa de la que no se percatan a veces nuestros amigos, enemigos de las razas. Ya hemos hablado alguna vez de ello: trataremos de argumentarlo con más detalle en las próximas entradas.

martes, septiembre 04, 2007

EXTRANJERO EN TIERRA EXTRAÑA (FIN DEL VIAJE)

Mira por dónde. Buscando en el youtube un producto "nacional" para terminar el viaje a través de las canciones extranjeriles regresando a casa, me encuentro con una canción de un cantautor llamado Migueli, que siempre me viene a la cabeza cuando pienso en canciones sobre el tema, pero me decía "No, hombre, Migueli no estará en el youtube", no sé por qué. Pues aquí lo tenemos, tocando en Libertad 8 de Madrid donde lo reencontré no hace mucho. Buena forma de cerrar el círculo, pues le tengo mucho cariño a Migueli, y también mucho cariño musical (lo conozco desde muy pequeño y crecí escuchando sus canciones), así que esto sí que es regresar a casa de unas lejanas vacaciones por el blues.

También hay una anécdota que él no conoce y que no viene a cuento pero se me está escapando y no puedo evitarlo. Cuando era apenas un adolescente, Migueli vino un día a mi casa y estuvimos enredando un rato con un teclado que mis padres me habían comprado por si podíamos hacer algo con mis problemas de psicomotricidad; al rato me dijo algo como "oye, tú tendrías que tocar la guitarra". En mis oídos sonó como "esto se te da bien, chaval, agarra la guitarra de una vez" y, viniendo de un tío que escuchaba en cinta de casette era como algo muy grande. Bastante después, un día cualquiera en el que tenía una guitarra a mano, me resonó esa frase de pronto; cogí rápidamente el instrumento con el firme propósito de aprender a tocar del tirón y apenas lo he soltado desde entonces. No sé si he llegado a aprender lo suficiente, pero hoy no soy capaz de imaginarme qué vida tendría si me hubiera enganchado a la guitarra (que curiosamente, tampoco hubiera tocado de no ser tan torpe).

Bueno, a lo que vamos, pongamos la canción. Aviso a los navegantes: si ha venido hoy a esta encrucijada algún alérgico a los cirios, bienvenido seas, y no dejes que las referencias sacras (Migueli es cantautor cristiano) pongan otras "fronteras de papel" entre ti y el espíritu del cante, que está más allá de las palabras; ya dijimos que es ubicua y panhumana la experiencia de la communitas. Haz como el maestro Ibn Arabi, que abarcaba todas las formas, incluso en tiempos muy revueltos y todavía más interesantes, cuando las referencias sacras eran obligadas.

Esta vez no voy a traducir la letra al castellano, claro, pero por si acaso (¿algún extranjero, precisamente?), la tenéis en este enlace, junto con una versión de estudio posterior a la de siempre cantada a dúo con Ismael Serrano.



(Y a la próxima, volvemos con los usuales ladrillos, esta vez a vueltas con el concepto de "raza").

viernes, agosto 31, 2007

EXTRANJERO EN TIERRA EXTRAÑA (IV) EL BLUES DEL EXTRANJERO

Seguimos con el juego de las canciones. En este caso, parece que en la letra de este viejo blues tantas veces versionado, la experiencia de "extrañamiento" no es metafórica... pero en este caso no creemos que haya traspasado las fronteras formales de ningún estado-nación. La experiencia es vieja y no depende de donde pintemos las fronteras. La letra pierde mucho con mi horrenda traducción, poco literal, y además el vídeo no se corresponde exactamente con ninguna de las versiones que encuentro en Internet, ni siquiera con las dos de los intérpretes que salen en el vídeo. Así que he tenido que afinar el oído, pero no lo suficiente para saber qué dice la canción tras la exclamación de ¡Extranjero!, así que me lo invento.

Insisto en lo que decía en el comentario a la canción de Clapton. No se trata de que nos deprimamos o nos volvamos pesimistas. Se trata de expresar una experiencia real para que podamos entenderla y si acaso conjurarla: lo que cuenta el bluesmen se lo he oído a otras personas con otras palabras e historias para no dormir.



Aquí soy extranjero, caí por tu ciudad.
Aquí soy extranjero, caí por tu ciudad.
Al ser extranjero, todo el mundo abusa de mí.

A veces me pregunto por qué hay quien trata así a los extranjeros.
Sí, a veces me pregunto por qué hay quien trata así a los extranjeros.
Podría ser el mejor amigo que nunca vas a conocer.

Escribiré a mi padre para que me mande el billete de vuelta.
Sí, voy a escribir a mi padre para que me mande el billete de vuelta.
Si no me lo envía, no me importa volver andando.

Volveré a casa gastando 99 pares de zapatos.
Volveré a casa gastando 99 pares de zapatos.
Cuando haya regresado, se acabará el viejo blues del extranjero.

Me pregunto si mi chica sabe que estoy aquí.
Sí, Dios, me pregunto si mi chica sabe que estoy aquí.
Si es así, no parece que le importe.

No le importo a nadie y te diré por qué...
Nadie me quiere y te diré por qué...
es porque soy extranjero ¡extranjero! es la verdad

Aquí soy extranjero, caí por tu ciudad.
Aquí soy extranjero, caí por tu ciudad.
Te lo pediré como un favor:
Por favor, no me rechaces.

domingo, agosto 19, 2007

EXTRANJERO EN TIERRA EXTRAÑA (III) CUANDO ERES RARO



Bueno, pues ya estamos de vuelta y seguimos de momento dándole la vuelta a la metáfora del extranjero en las canciones. Hoy nos toca un vídeo de "the Doors": "People are strange": la gente es rara.

Como en la entrada anterior, no es que me quede muy contento con la traducción de la letra, que tienen por aquí en inglés.

La gente es extraña cuando eres extranjero,
Los rostros parecen más feos cuando estás solo.
Las mujeres parecen viles cuando no te quieren,
Las calles son ásperas cuando estás mal.

Cuando eres extraño
Las caras salen de la lluvia
Cuando eres extraño
Nadie recuerda tu nombre
Cuando eres extraño,
Cuando eres extraño,
Cuando eres extraño.

jueves, agosto 09, 2007

EXTRANJERO EN TIERRA EXTRAÑA (II): Extranjero solitario

Habíamos prometido darle la vuelta a la metáfora del extranjero a través de algunas canciones. Venga aquí la primera, "Lonely stranger" de Eric Clapton. La letra la he traducido un poco libremente, por impulsos y puede que no muy fielmente, dado que mi inglés es de andar por house y se me escapan las expresiones.



Debo ser invisible;
Nadie me conoce.
Me he arrastrado a cuatro patas
por callejones sin salida

Nací con una sed atroz,
con hambre de libertad
Pero he ido aprendiendo a lo largo de los años.
No intentes animarme.

Porque aquí soy un extranjero solitario
al que se le pasaron los días alegres
Y no sé qué es lo que está pasando
Así que seguiré mi camino.

Cuando me veas caminando, quédate atrás
No te acerques a mí,
Porque está claro que terminará mal
Déjame estar.

Hay quien dirá que no soy un buen tipo
Quizás yo mismo esté de acuerdo
Echa un vistazo y márchate
Por mí está bien así
.

Porque aquí soy un extranjero solitario
al que se le pasaron los días alegres
Y no sé qué es lo que está pasando
Así que seguiré mi camino.

jueves, agosto 02, 2007

EXTRANJERO EN TIERRA EXTRAÑA (I)

Cuando nos encontramos, de una manera u otra "en el extranjero", salvo que estemos muy acostumbrados, bien acompañados o nos hayamos apropiado ya en nuestros corazones del territorio y de la gente, tendemos a sentirnos raros. Creo que ese sentimiento siempre o casi siempre está ahí, aunque su intensidad depende de muchos factores (la costumbre, los recursos económicos, la distancia cultural, el dominio del idioma, la regularidad de la estancia, etc.) y a veces es tan pequeña que lo que digo ahora puede resultar exagerado, pero es parte de la verdad.

Se amplifican todas nuestras inseguridades, nuestros miedos e incluso nos puede dar algo de manía persecutoria. Podemos pensar, por ejemplo, que la gente nos mira mal o que nos ignora con desprecio, o que se ríe de nosotros, o que quiere hacernos daño. Puede ser que incluso nuestros resortes defensivos se despierten cuando nos tropezamos con gente físicamente distinta a nosotros, que percibimos como "de otra raza" (comprender nuestro racismo es la única manera de controlarlo), pero también cuando se comportan de manera distinta, cuando siguen rutinas que no conocemos, cuando hablan una lengua extraña. Una pequeña contrariedad, un malentendido de escasa importancia, un rasgo cultural que no es muy relevante pero no entendemos bien, pueden convertirse a nuestros ojos en grandes problemas.

Yo que además tengo un problema crónico de orientación me he visto alguna vez en el extranjero vagar solo por calles que no conozco, titubeante, confuso, sintiéndome más débil, más desvalido, más reducido en mis capacidades. Cuando pasamos el día entero hablando en una lengua ajena, en la que no pensamos, terminamos la jornada destrozados, con el cerebro "recalentado" por el esfuerzo. Si estamos solos es más fácil que nos acechen la melancolía, la morriña, la nostalgia. Buscamos consuelo en la compañía de nuestros compatriotas, pero es probable que siempre nos quede un punto de insatisfacción, de vacío. Me descubro español en el extranjero, gaditano en Madrid o Cáceres, madrileño o cacereño en Cádiz y así sucesivamente (agnóstico de Patrias/me encuentro aunque no quiera/naciones en la ausencia/que forjan mi conciencia/y tejen mi bandera, escribí una vez en una canción que casi he olvidado).

Cuando hemos experimentado estas sensaciones en pequeñas dosis, somos más capaces de empatizar con sus manifestaciones más dolorosas, que, si bien no son comparables, guardan un fondo común. Cuando escuchas las narraciones del migrante que lo abandonó todo en pos de un sueño, del migrante ilegal que teme más a los policías que a los ladrones y procura vivir oculto en las profundidades de la sociedad, del extranjero que ya no se siente arraigado ni en su nueva casa ni en la antigua... rozas de pronto con algo tuyo y te ves reflejado en el Otro, así como los antropólogos se encuentran con ellos mismos y con la naturaleza humana desde la técnica del "extrañamiento". Cuando alcanzamos esta empatía comprendemos mejor, asumimos mejor, somos más cautelosos cuando exigimos más integración (aunque no dejamos de buscarla).

Ningún sitio como en casa para sentirse extranjero. Algunos artistas utilizaron la metáfora del extranjero, del extraño, para hablar seguramente de sus propios sentimientos, de sus propias neuras, inseguridades o tristezas, pero al hacerlos canción, dejaron de ser suyos y se convirtieron en símbolos, en mitos que nos hablan del ser humano. Pero las relaciones simbólicas tienen varias direcciones: podemos vernos reflejados en estas canciones, sentirnos extranjero, y luego darles la vuelta y sentirlas vinculadas a los migrantes con los que convivimos cada día, que a menudo se sienten extranjeros en en tierra extraña.

Dado que estamos en agosto y el calor reblandece nuestros cerebros (al menos el mío), en las próximas entradas, en lugar de soltar algún discurso pretendidamente sesudo (pensaba hablar del mercado de trabajo, pero lo dejaré para otra ocasión), voy a intentar colgar alguna de estas canciones (con video de youtube y traducción) para que quien quiera se apunte al ejercicio.

domingo, julio 29, 2007

EL CRISTAL CON QUE SE MIRA

Parece claro que la percepción humana es imperfecta, de manera que la realidad no se imprime en nuestras mentes en su totalidad y con alta resolución; así pues, necesitamos algunas muletas como los estereotipos. Estos y otros mecanismos pueden producir sesgos cognitivos, esto es, distorsiones en nuestra percepción y comprensión de las cosas. Algunos de estos sesgos afectan a las categorías sociales y a las relaciones intergrupales, condicionando nuestra conducta respecto a nuestros "Otros" sociales. Ello adquiere especial relevancia en las relaciones interculturales y en las derivadas de los procesos migratorios, aunque no se limita a estos aspectos.

Ser conscientes de que existen estos cristales distorsionados no nos hace inmunes a sus embrujos, pero sí que nos permite ser un poco más reflexivos, más críticos con nosotros mismos, más capaces de evitar que nuestra conducta se convierta en discriminatoria. En este afán de reflexión continua sobre las propias actitudes, aunque no soy ni mucho menos un experto en Psicología Social, quisiera resaltar algunos de estos sesgos, tal y como han sido identificados por los psicólogos, por si a alguien más pudieran resultar de utilidad.

  • El sesgo de preferencia endogrupal supone que generalmente percibimos de manera más positiva a los que consideramos miembros de "nuestro" grupo que a los que adscribimos a grupos distintos. De la misma manera, el contenido que atribuimos a las categorías ajenas será habitualmente muy negativo en comparación con el de las categorías que aplicamos a nosotros mismos. Nuestra percepción no suele ser imparcial y habitualmente destaca los rasgos "negativos" de aquellos que consideramos ajenos, omitiendo los datos que se valorarían "positivamente"; así, por ejemplo, un mismo error conduciendo un automovil puede ser valorado de manera distinta si el conductor es varón o mujer.
  • Las correlaciones ilusorias basadas en el estereotipo consisten en la atribución errónea a una persona de una característica que se ha incluido dentro del contenido de una categoría social (lo que a veces afecta incluso a nuestra propia percepción y valoración de los hechos que se presentan ante nuestros ojos). Por ejemplo, un propietario puede ser remiso a alquilar su casa a extranjeros dado que éstos "terminan metiendo en la casa a un montón de gente". Cuando la conducta se basa en este tipo de "generalizaciones", se produce uno de los elementos que caracterizan la discriminación con independencia de que la proposición sea más o menos ajustada en términos probabilísticos.
  • El error fundamental de atribución, en el marco de las relaciones intergrupales implica que tendemos a atribuir la conducta "negativa" de los "Otros" a factores "internos" como disposiciones de personalidad (este "negro" es "agresivo") o la propia pertenencia a la categoría (los disturbios de París se deben a que los participantes eran "musulmanes") antes que a circunstancias contextuales; al mismo tiempo, muchas veces se atribuye la conducta "positiva" (o el "éxito" social) de los "Otros" a factores relativamente "externos", como la "suerte", las "medidas de acción positiva", las circunstancias favorables o simplemente, la consideración de que se trata de un "caso especial". Así, por ejemplo, alguien que no ha hablado jamás con un "musulmán" más allá de las compras en una tienda de 24 horas puede decir que los "musulmanes" son todos unos "fanáticos religiosos"; sin embargo, cuando le hablas de gente de carne y hueso podrá razonar que esos son son "casos especiales", que ciertamente hay "algunos normales", que estos estaban "occidentalizados", que se trataba de gente "de alto nivel cultural", que se comportaban así "porque estaban en España y en minoría" o, simplemente, que sus actitudes no eran sinceras.
  • El efecto de homogeneidad del exogrupo y heterogeneidad del endogrupo consiste en que percibimos a "Ellos" como un bloque relativamente compacto (los "chinos" son prácticamente iguales físicamente; los "sudacas" son esto o aquello; los "gaditanos" somos todos una jartá de graciosos; la "cultura" de los "musulmanes" es más o menos similar en Senegal, Indonesia, Irán, Turquía, Arabia, India, Túnez y los bereberes de Marruecos); en cambio, somos mucho más capaces de percibir las importantísimas diferencias y la enorme diversidad que existe dentro de nuestro propio grupo. Esto, unido a las correlaciones ilusorias lleva a una mayor saliencia de la conducta de la persona que pertenece a la minoría: si un rumano te robó, los rumanos roban. Hay que tener cuidado, porque esta saliencia nos acecha también cuando somos biempensantes y políticamente correctos pero seguimos descargando sobre el miembro de las minorías el duro papel de estandarte simbólico de grupos humanos: "¡Qué desfachatez! ¡Qué mal ejemplo da de los gitanos/extranjeros/homosexuales [...]!, qué va a pensar la gente"; por supuesto, a nadie se le ocurre que los payos/nacionales/heterosexuales [...] tengan que representar a nadie con su conducta, que se valora de manera individual... salvo, por supuesto, que la persona que está enjuiciando pertenezca precisamente a una de las minorías puestas en contraste (evidentemente, todos estos sesgos afectan también a los que pertenecen a grupos minoritarios).

jueves, julio 05, 2007

¡FELIZ NO-CUMPLEAÑOS!

No fue tal día como hoy, sino un 13 de julio del año 2006 cuando me decidí, por fin, a empezar a escupir este blog, comenzando, como está mandado, por el final del universo, con las apocalípticas admoniciones de Ipuwer. Es sabido que los no-cumpleaños son el mejor momento para hacer balance de una etapa; mucho más cuando nos encontramos justo en la entrada número 46, que dista mucho de ser un número redondo y bonito, pero al que por eso mismo hay que hacerle caso de vez en cuando, no vayamos a ser discriminadores.

Mi propósito principal está cumpliéndose: pensar mientras escribo, en la medida de mis posibilidades, porque no conozco otra manera de reflexionar. En estos tiempos interesantes, y en los que están por venir, se va a hacer cada vez más necesario ir construyendo entre todos una serie de argumentos y formas ideológicas que, aún parciales en favor de los migrantes (aunque sin idealizarlos), procuren ser razonables y ponderadas, huyan de ingenuidades y se asomen a la realidad con los mínimos prejuicios posibles. Para combatir el previsible aumento del racismo y la xenofobia en nuestra sociedad y en nosotros mismos, para afrontar los problemas sociales de marginación e integración social del presente y del futuro necesitamos argumentos sólidos, estrategias racionales, análisis sosegados; pero también sensibilidad y empatía: para comprender a los Otros, ciertamente, y para comprender las causas que hacen que la gente normal sin bigotito de Hitler, la buena gente, pueda volverse, nos podamos volver, más o menos xenófobos.

He elegido articular en alto estos pensamientos de manera pública, en una bitácora internáutica, una especie de soliloquio continuio, que quizás algún día alguien se encuentre en una búsqueda casual de google y quizás algún día a alguien pueda servirle para concebir alguna idea más meritoria y útil. Aunque mi contribución es pequeñita y modesta, me alegra saber que otros amigos están también empeñados en este esfuerzo colectivo; algunos incluso han surgido también en el blogoverso antes que yo o hace un ratito. Aunque esta bitácora no avanza con el ímpetu inicial, cuando tenía tantas cosas en el tintero, aún me quedan algunas cosillas que decir, así que seguiremos, lentos pero inseguros, al pie del cañón; cuando se agote el tintero, ya procuraremos dejar un tiempo el terreno en barbecho o ampliar los contenidos (que lo de "tiempos interesantes" vale pa to). Por otra parte, seguiremos intentando que siga habiendo algún artista invitado o autoinvitado de vez en cuando, para no dormirles demasiado con mi voz monocorde y para recuperar el aliento de vez en cuando.

No se ha convertido esto en el lugar de debate que hubiera querido. Tal vez mis machacones tochos intimidan y cansan, dejando al pobre lector sin fuerzas para nada más. En cualquier caso, no se me ocurre otra manera de ser y de hacer blog, así que esto es lo que hay, aunque estan ustedes invitados a participar como les parezca y cuando les parezca. Me alegra saber que alguien me lee de vez en cuando; aunque no tengo índice de visitas, los ocasionales comentarios y las visiones del perfil demuestran que la publicidad agresiva que hago a veces en la güeb tiene sus frutos (seguiremos machacando). Otra gente no sé de dónde ha salido, e incluso cita el blog por ahí, lo que también me alegra mucho, tal vez alguien se haya topado con esta encrucijada en el google buscando marcas de papel de fumar. Son ustedes muy discretos y muy pocos, pero existen, que no es poco; procuraremos que vengan más. Ciertamente yo creo que este engendro, como no podía ser menos, es más de lectura ocasional que de seguimiento grouppie, pero eso tampoco está mal. Sólo siento que haya gente que pueda abandonar la lectura del blog debido a las discontinuidades, es decir, a lo que tardo en publicar una maldita entrada; uno tampoco puede escribir todos los días, las responsabilidades, pero, no nos engañemos, también los vicios y los ocios me lo impiden. Mis disculpas desde aquí a los que me abandonan, aunque no puedan leerlas.

En cualquier caso, si casualmente hay por ahí alguien al otro lado y está un poco harto de que yo dedique este no-cumpleaños a echarme tantas flores de autosatisfacción y derramar felicidad, me encantará escuchar sus críticas, que lo mismo me ayudan a hacer la cosa mejor, dentro de mis limitaciones. Entretanto, feliz no-cumpleaños a todos ustedes (y si hoy cumplan años, vuelvan a la entrada mañana), ojalá que vivan tiempos interesantes, pero de buen rollito.

domingo, junio 24, 2007

EL ESPAÑOL "DISCRIMINADO"

El mundo está lleno de mayorías "discriminadas". Se trata de un sesgo cognitivo bastante habitual: cuando miramos a los otros como Otros su pertenencia al exogrupo los marca en nuestra percepción, destacando especialmente la categoría a la que pertenecen. Si hay un tipo raro delante de nosotros en la cola, debe ser que se ha "colado"; primero vamos Nosotros y luego ya veremos si hay sitio para alguien más. Actuamos así, desde luego ante las "distinciones positivas" directas, las medidas más intensas, discutibles y polémicas de entre aquellas orientadas a reequilibrar una posición de desigualdad previa o bien a atender una situación específica. Tendemos a considerar apresuradamente que se ha producido una "discriminación" y reaccionamos frente a ella con virulencia retórica; ciertamente, estas medidas presentan algunos problemas aplicativos (sin que todos se refieran a esta desigualdad), que hay que considerar en cada caso, pero precisamente la distorsión que provoca este sesgo en el debate evita un análisis verdaderamente serio.

Pero también se reacciona así ante una simple equiparación de derechos, especialmente en la medida en que estos derechos regulen el acceso a bienes relativamente escasos, dado que en estos casos nunca estamos del todo satisfechos con el servicio. Los ejemplos más claros son la sanidad y la educación: de un lado, su universalidad se extiende, con matices, "incluso" a los extranjeros que se encuentran irregularmente en España; de otro lado, los recursos invertidos en la salud y en la educación siempre serán insuficientes. Aunque en nuestro discurso racional no podamos negar la atención médica a los extranjeros o la escolarización obligatoria de migrantes menores de edad, puede ser que por debajo, por las vísceras, nos quede una indefinida e incómoda sensación de que los Otros deberían entrar a comer cuando Nosotros ya nos hubiéramos saciado (lo malo es que esto nunca sucede).

No es difícil encontrarnos con estas sensaciones en las discusiones que tenemos en la calle o en Internet: si nuestro hijo no fue admitido en tal colegio pero un extranjero sí, eso quiere decir, indudablemente, que los extranjeros tienen preferencia y los españoles estamos "discriminados"; si un extranjero pasa antes que nosotros al médico es sin duda un privilegio otorgado por su condición de extranjero. Las razones para que el Otro esté por delante nuestra en la cola pueden ser muchas y muy variadas, algunas más justificadas o razonables que otras. Pero en nuestra conciencia se nubla cualquier otra causa que no sea la mera condición de extranjero, la aplicación de la categoría saliente, pues hemos convertido a la persona en una etiqueta.

No es imposible, sin embargo, que a veces los españoles sean verdaderamente peor tratados que los extranjeros; la prueba la tenemos en el reciente Real Decreto 240/2007, que maltrata a los españoles en comparación con un determinado grupo de extranjeros. La cosa tiene truco, claro, porque los extranjeros privilegiados son comunitarios y los españolitos afectados... bueno, no deben ser en la mayoría de los casos de pura cepa castiza, porque están pidiendo la reagrupación de familiares extranjeros. Resulta que si un español quiere traerse al país a sus ascendientes extranjeros se le aplica la normativa de extranjería, mientras que a un nacional de otro Estado de la UE, Espacio Económico Europeo o Suiza se le aplica el régimen comunitario, significativamente más favorable. O sea que el Estado concede más derecho a algunos extranjeros que a sus propios ciudadanos. Hasta el momento, los Gobiernos españoles habían estado evitando este agravio comparativo y lo de ahora no ha sido ni mucho menos un lapsus, dado que se ha actuado contra el Dictamen del Consejo de Estado. La medida en cuestión no vulnera las libertades comunitarias, pero sí el art. 14 de la Constitución Española; así pues, la Federación Andalucía Acoge ha anunciado ya un recurso contencioso-administrativo frente a este arbitrario reglamento.

lunes, junio 11, 2007

LA INMIGRACIÓN EN ANDALUCÍA

Prometí que en este blog se iban a escuchar otras voces, pero de momento sólo teníamos una entrada no firmada por mí. He pedido a mi colega Alejandro Román Antequera, investigador de la UCA especializado en Historia Actual que me hiciera una síntesis divulgativa de una comunicación que ha hecho con el profesor Julio Pérez Serrano (la imagen, en cambio, la he buscado en el google) para un Congreso de Demografía histórica en Menorca. No le quito más espacio, pero anuncio que en la próxima entrada hablaré ¿del español "discriminado"?

Hasta fechas recientes se consideraba infranqueable la cifra de 39 de millones de personas para la población de España. De hecho, las previsiones que realizaba el Instituto Nacional de Estadística (INE) señalaban que para el 2050 el número de habitantes en el territorio español habría entrado en franco retroceso, situándose por debajo de los 34 millones de personas. Sobre esta base se negoció la representación española en Europa a finales del 2000, que figura en el Tratado de Niza de febrero de 2001. Sin embargo, los datos que aparecieron en el censo de 2001, confirmaron la tendencia alcista que se observo en los aportados por el Padrón Continuo del año 2000, que indicaban que se habían superado los 40 millones. Este aumento se ha constatado en la continuación de la serie del Padrón Continuo, que para 2005 marcaba más de 44 millones de habitantes, y que según las hipótesis del INE daría pie a que para el año 2050 se hubiese superado ampliamente la barrera de los 50 millones.

La integración española en el seno de la Unión Europea (UE) en 1986, por aquel entonces Comunidad Económica Europea (CEE), supuso el punto de partida para la adquisición del atractivo de cara a los contingentes foráneos, que se vio incrementado por la adhesión al tratado de Schengen en 1991, al entrar en el espacio europeo de libre circulación de personas, que entro en vigor el 26 de marzo de 1995. De este modo, se ha facilitado la llegada de personas miembros de otros países de la UE –incluidos los nuevos miembros-, que en el caso andaluz han visto en numerosas ocasiones el lugar adecuado para establecer su residencia tras su jubilación, en especial en los países más ricos; mientras que los de más reciente incorporación han podido pasar a conseguir un trabajo.

Sin embargo, la política europea no se ha esforzado tanto en conseguir unas directrices comunes de migración y asilo, que de hecho no existen, como en impermeabilizar lo que se ha denominado la ‘Fortaleza’. De esta manera, se ha priorizado la exclusión y el control, más que la integración, jugando España un papel clave dentro del entramado de impermeabilización, dadas sus relaciones históricas con el área sudamericana y la cercanía de sus costas con las del norte de África. A causa de esa proximidad, Andalucía se ha convertido en una de las puertas principales de entrada de extranjeros procedentes del Magreb.

Esta inmigración se encuentra en un proceso continuo de aceleración, del que es difícil calibrar las consecuencias futuras, si no se toman las medidas adecuadas para fomentar la fecundidad en Europa, mejorar la situación en los países de salida y facilitar la integración y no la exclusión, como hasta ahora se ha hecho por parte de la Unión Europea, en especial en el caso musulmán.

Este desafío que se plantea proviene tanto de la orilla sur del Estrecho como de los nuevos países que se han integrado en la Unión Europea, y que en menos de un año desde su incorporación han incrementado sus efectivos en casi el doble, al eliminarse una parte de las barreras existentes para su desplazamiento. Además de estos puntos de procedencia, cada vez es mayor la afluencia de latinoamericanos en busca de trabajo. No obstante, el principal contingente sigue siendo el europeo, que se ha asentado fundamentalmente en la costa, con el objeto de disfrutar de mejores condiciones de vida, lo que ha implicado que la pirámide de la inmigración en Andalucía presente la peculiaridad de una gran presencia de mayores de 40 años en su seno, a pesar de demostrar la típica característica de una fuerte Rm favorable a los hombres, en especial en las edades más productivas de la vida -15 a 39 años-.

La inmigración extranjera que viene a Andalucía presenta por consiguiente dos modelos: la búsqueda de las buenas condiciones de vida para mejorar la calidad de la misma, que es el criterio seguido por los ciudadanos de la Unión; y, la otra, es la llegada de una mano de obra de baja cualificación, en su mayoría africanos, sudamericanos y europeos del este, que encuentran en el sector agrícola de la Andalucía oriental un motivo para su asentamiento. La cada vez mayor relevancia de ambos criterios ha causado que desde el año 2000 se esté experimentando un fenómeno impensable previamente, ya que Andalucía era considerada la entrada a Europa, un lugar de paso; pero, en estos últimos cuatro años se está produciendo la llegada de inmigrantes extranjeros desde otros puntos de la geografía española, relacionada con el florecimiento económico de determinadas zonas de Andalucía, siendo una tendencia que poco a poco comienza a cobrar mayor relevancia dentro del sistema demográfico andaluz.

Por último, resaltar como la inmigración extranjera se ha concentrado en la costa del Mediterráneo por los dos criterios resaltados anteriormente. De este modo, Málaga y Almería se han convertido en las dos provincias que más inmigrantes reciben, en especial la primera, que conjuga su carácter de lugar de reposo para los jubilados europeos, con la existencia de una floreciente economía que atrae a numerosas personas. Mientras, Almería es un caso diferente, basada su economía en la denominada ‘agricultura del plástico’, la necesidad de mano de obra barata y de baja cualificación ha potenciado la llegada de colectivos de sudamericanos, europeos del este y, especialmente, norteafricanos. El resto de las provincias siguen uno de estos dos modelos con menor intensidad, configurándose de este modo el proceso inmigratorio en Andalucía, clave para el futuro de la comunidad.

domingo, mayo 13, 2007

LA IDENTIDAD DIVIDIDA DEL ESTADO Y DEL MIGRANTE

[Voy más lento, pero no me olvido del blog].

Estábamos hablando de la reconfiguración de las identidades étnicas en el mundo actual. Está claro como esto tiene mucho que ver con los dos ejes del blog: las migraciones y la interculturalidad (que no sólo tiene que ver con los migrantes). En lo que al primer aspecto se refiere, la conexión funciona en dos direcciones: de un lado, el continuo crecimiento de las migraciones está incrementando enormemente la diversidad étnica (y religiosa) de los viejos Estados-nación europeos, constituyendo uno más de los factores que cuestionan (y de hecho, destruyen) a la Nación, ese indefinido fantasma que legitima al Estado y que, inevitablemente tiene un fondo étnico (expreso o implícito y vergonzante). La respuesta defensiva de los auctóctonos, reafirmación de la identidad nacional por oposición a los migrantes, que deben "integrarse" en ella o desaparecer de la vista, es comprensible, pero tan eficaz como darle una aspirina a un moribundo. Construir nuevas fórmulas de legitimación que no sean incoherentes con la propia afirmación del pluralismo que proclaman estos Estados parece igualmente difícil, pero creo que es el reto que verdaderamente mira hacia el futuro.

Por otra parte, la realidad que comentábamos del transnacionalismo implica potencialmente una crisis de identidad de los migrantes. Debido a la comunicación constante (teléfono, internet, periódicos, televisión) y al reforzamiento de las interacciones económicas (remesas, inversiones), políticas (participación en elecciones, interés del Estado de origen en sus migrantes) y sociales (familias divididas y redes sociales fortalecidas en los procesos de adaptación a las restricciones migratorias), la identidad de origen no se diluye, sino que se refuerza. Quizás en el caso de las primeras migraciones a EEUU el país de origen se convirtió en una imagen nebulosa en la tercera generación, subsistiendo sólo algunas costumbres anecdóticas, pero esta no es la realidad actual. Si estos procesos aseguran la permanencia de la identidad "extranjera", otros elementos derivados de lo que sucede dentro de las fronteras del Estado coadyuva a ello: la mayor familiaridad y comodidad que todos sentimos con los naturales de nuestro país que hablan nuestra lengua, el mantenimiento en muchos casos en situaciones de irregularidad que obligan al ocultamiento, la discriminación en el empleo o la vivienda y el rechazo xenófobo alimentan en muchas ocasiones que el círculo de interacciones se restrinja a los que vienen del mismo lugar, o al menos que el contenido de las relaciones varíe enormemente en función de la adscripción étnica. Reblandecidas las fronteras de la nación nos encontramos con otras naciones dentro de nuestro Estado.

Pero, en realidad, la cosa es más complicada. Porque no sólo sucede que el migrante no pierde (y a veces refuerza, yo sólo encuentro mis patrias en la ausencia) su identidad de origen, sino que, además, ganan otra. Por convencimiento o conveniencia, muchos migrantes se nacionalizan, convirtiéndose a efectos legales en parte de esa "Nación" metafísica; pero, aunque no lo hagan, el país donde habitan acaba haciéndolos suyos. Aunque seguramente no es habitual que los migrantes de primera generación (no así los demás) se definan formalmente como "españoles" sin estar nacionalizados, cualquiera que trate con ellos habitualmente se da cuenta de cómo empiezan a identificarse con el país, a sentir cariño por él, a animar a la selección nacional en las competiciones deportivas, a echar de menos su Estado de acogida cuando no están allí. A que su memoria se apodere del territorio: de los lugares, de las personas, de los parques, de las ciudades, adhiriéndose inevitablemente a su "identidad" es decir, a su conciencia de ser un individuo. No eres de donde naces, sino de donde paces.

Eso sí, estamos poco preparados para aceptar las identidades nacionales múltiples: aunque las identidades colectivas siempre lo son, el proceso de construcción de la Nación implicó una fuerte dosis de exclusividad en la identificación de la población-comunidad política- territorio. Sólo puedes tener una patria, y prueba de ello es que, salvo en los casos de los tratados de doble nacionalidad donde también podrían advertirse algunos matices interesantes, en términos jurídicos este vínculo jurídico es único. Aunque esta idea se está desmembrando por arriba y por debajo, el surgimiento de identidades múltiples todavía supone confusión a los sujetos que las experimentan. Una gestión inadecuada de esta identidad puede implicar diversas disfunciones y dificultades para la persona: quedar condenado a ser siempre un "individuo" liminar, de paso, aunque seas de tercera generación, que no está realmente cómodo ni en la patria de origen ni en la de acogida; pretender negar las raíces y asimilarse enteramente a lo nuevo, lo que puede ser irreal y acarrear problemas de adaptación efectiva, sentimientos de inferioridad, ansiedad o anomia; construir identidades imaginarias, anacrónicas e inadaptadas, basadas en una visión idealizada del país de origen que seguramente allí también resultaría inadecuada (como puede suceder con el fundamentalismo religioso). El grado de discriminación, por supuesto, puede ser un factor que colabore en esta gestión inadecuada de la diversidad.

viernes, abril 06, 2007

IDENTIDADES NACIONALES (II) NACIONES

Hablábamos en la entrada anterior de la diversidad de las identidades étnicas o territoriales que existía en el mundo premoderno. Esta diversidad no desaparece, pero sí se atenúa con el surgimiento de los Estados-nación. El desarrollo del capitalismo va multiplicando poco a poco el ámbito de las interacciones materiales y simbólicas más habituales (e incluso Europa se encuentra con el resto del mundo en la era de los descubrimientos) y este proceso alcanza su madurez con la industrialización, que progresivamente cambia de manera irreversible los modos de vida tradicionales.

Se producen grandes desplazamientos de población, del campo a la ciudad y también entre regiones muy alejadas: los proletarios van apareciendo donde la industria los llama. Seguramente es el desarrollo del capitalismo industrial lo que determina el surgimiento y el reforzamiento de determinadas unidades políticas de alcance más amplio que las anteriores: los Estados. Aunque existen abundantes intercambios "internacionales", el grueso de la actividad económica se realiza en el seno del estado, la industrialización se organiza alrededor de centros determinados.

Esta nueva unidad política necesita inmediatamente un sustrato legitimador, una especie de "alma" del Estado que sostenga la estructura política y económica: la nación. Por eso, el siglo XIX es también la época de los nacionalismos, que terminan por triunfar en aglutinar a los ciudadanos que habitan en un determinado territorio. La nación es, como decía Hobsbawm, una "tradición inventada", muchas veces de manera consciente y estratégica, a través de la homogeneización lingüística y cultural que opera en determinados aspectos de la vida de las personas, que son precisamente los vinculados con la "modernidad" y por tanto los que se convierten de manera implacable en el espacio público preponderante. El dialecto que utilizaban las élites políticas, económicas e intelectuales del núcleo del Estado, convenientemente reinventado y "normalizado" se va enseñando en las escuelas, a las que cada vez tiene más acceso el grueso de la población y se propaga a través de los textos escritos; se va convirtiendo, primero en la lengua que es necesaria o conveniente para operar en los terrenos de la modernidad y luego en la "lengua nacional" que define el Volkgeist, el espíritu de cada "pueblo". Las demás formas lingüísticas o culturales o bien desaparecen, absorbidas por la modernidad, o bien se reducen al ámbito privado y local, apartándose del discurso dominante. Ciertamente, para inventar la nación se toman materiales preexistentes, pero éstos se adaptan de tal manera al nuevo contexto, que se trasforman completamente, por más que necesiten apuntar hacia un pasado mitológico.

El éxito de la ideología de la "nación" es mayor allí donde la industrialización es más avanzada, y es más limitado en los países como España, de industrialización tardía, con amplias masas campesinas y grandes desigualdades sociales en este período (en España además la cosa se complica por el carácter policéntrico y desigual del desarrollo industrial, que genera burguesías alejadas del discurso "centralista"). Tiempo después, la descolonización del mundo "no industrializado" exporta el modelo de Estado-nación a toda la Humanidad; aunque lógicamente en muchos de estos países el proceso no quedó tampoco completo, lo cierto es que también se han llegado a configurar, a inventar, a reinventar "identidades nacionales". La lógica de la ideología nacional es tal que el resto de identidades étnicas o territoriales no desaparecen, pero se difuminan en el campo de juego de la modernidad, que es el terreno del poder, terminan siendo absorbidas por la que se refiere al Estado, que es la comunidad política dominante.

La cuestión es si a estas alturas de la partida la "nación", el "nacionalismo", la "nacionalidad" se han visto superados por la globalización económica y cultural y el transnacionalismo, las nuevas consecuencias de la racionalidad moderna y el progreso de los transportes y las comunicaciones. No cabe duda de que, por más que griten los profetas de la globalización, los Estados siguen siendo, hoy por hoy, las principales estructuras políticas, aunque por supuesto están empezando a ser revisados. En mi opinión, es la otra parte del binomio, la nación, el "espíritu" de los Estados, la que empieza, lenta y plácidamente a morir (ya insistiremos más adelante en algunas consecuencias); en estos tiempos interesantes, los Estados pierden progresivamente legitimación en tanto que las estructuras políticas transnacionales son aún débiles y carecen casi por completo de formas ideológicas que las estabilicen.