Por supuesto, esta estrategia implica interesarse por las diferencias culturales, aprender sobre ellas, conocerlas; pero también supone descubrir las prácticas y representaciones culturales que nos unen. Siempre hay muchas; primero, porque en el fondo las personas estamos hechas de la misma pasta (lo que los antropólogos llaman la "unidad psíquica de la humanidad"), "la gente es igual en todas partes", decía con seguridad el anciano de la "tribu" Tiv a la antropóloga Bonhannan; segundo, porque es irreal la noción esencialista de las "culturas" como entidades coherentes y estables, compartimentos estancos: la realidad sociocultural es heterogénea, no tiene fronteras objetivas y es cambiante. Pero este proceso no sólo consiste es descubrir que no somos "tan" distintos; en el fondo, se trata de rebasar los estrechos límites autodefinidos de lo cultural, lo religioso, lo ideológico o lo étnico para encontrarnos simplemente con personas.
Hoy en día, en España y con carácter general, nuestros definitivos "Otros" son todas esas personas que con simpleza etiquetamos como "moros" o "musulmanes", de ahí que muchos ejemplos míos vayan por ahí (aunque sea mucho más rica nuestra diversidad cultural, que, además, no sólo implica a los migrantes). Estoy convencido de que muchos (no todos, claro) de los "españoles" que vociferan consignas islamófobas y otras escatologías de la invasión jamás se han encontrado con uno de ellos "cara a cara". Quizás, más allá de las noticias de las 3, se hayan tropezado con ellos por las esquinas, los hayan visto subir al metro o paseando por las calles, o hayan intercambiando algunas palabras para que te vendan una caja de leche en el "chino" o un CD pirata en el "top manta". Quizás los hayan tratado un poco más, pero es posible que su relación haya sido excesivamente estandarizada, haya estado mediatizada por los roles, por los estereotipos, por las fronteras étnicas que unos y otros fraguamos; relaciones en las que somos únicamente la careta que nos tocó en suerte en el drama.
El que suscribe en cambio, ni mejor ni peor que estas personas, ha tenido la oportunidad y la suerte (no es un mérito, claro) de estar cerca de algunos de esos "Otros" más allá de su "otredad" y de ver como a otros "españoles" les pasaba lo mismo: tener conversaciones en las que te hablan de su país, de sus costumbres, de sus tradiciones, de su fe (que no es lo mismo), pero también de sus sueños, de sus preocupaciones, de sus aspiraciones, de sus miedos; convivir diariamente; fraguar "incluso" amistad de la buena. Los esqueletos del estereotipo (demonizado o idealizado) se cubren entonces de carne y cobran vida; descubrimos a personas con virtudes y defectos, ni santos ni demonios, como tú y como yo, como todos. Esa experiencia no necesariamente cambia radicalmente nuestra perspectiva ideológica, nuestra visión global de las migraciones, del Islam o de lo que sea; de hecho, en la actualidad todo el mundo afirma en teoría la humanidad de aquellos Otros. Pero, en la práctica, esta experiencia nos hace menos dogmáticos, menos vociferantes, más escépticos, menos soberbios o simplistas, y, sobre todo, mucho más capaces de que la próxima vez nuestra relación personal sea normal desde el principio, sea cuál sea el contenido de nuestros estereotipos, porque sabremos que estamos delante de una persona de carne y hueso, no de un monigote. Por tanto es una experiencia que hay que promover activamente, que no tiene que dejarse en manos de la casualidad o el destino.
El que suscribe en cambio, ni mejor ni peor que estas personas, ha tenido la oportunidad y la suerte (no es un mérito, claro) de estar cerca de algunos de esos "Otros" más allá de su "otredad" y de ver como a otros "españoles" les pasaba lo mismo: tener conversaciones en las que te hablan de su país, de sus costumbres, de sus tradiciones, de su fe (que no es lo mismo), pero también de sus sueños, de sus preocupaciones, de sus aspiraciones, de sus miedos; convivir diariamente; fraguar "incluso" amistad de la buena. Los esqueletos del estereotipo (demonizado o idealizado) se cubren entonces de carne y cobran vida; descubrimos a personas con virtudes y defectos, ni santos ni demonios, como tú y como yo, como todos. Esa experiencia no necesariamente cambia radicalmente nuestra perspectiva ideológica, nuestra visión global de las migraciones, del Islam o de lo que sea; de hecho, en la actualidad todo el mundo afirma en teoría la humanidad de aquellos Otros. Pero, en la práctica, esta experiencia nos hace menos dogmáticos, menos vociferantes, más escépticos, menos soberbios o simplistas, y, sobre todo, mucho más capaces de que la próxima vez nuestra relación personal sea normal desde el principio, sea cuál sea el contenido de nuestros estereotipos, porque sabremos que estamos delante de una persona de carne y hueso, no de un monigote. Por tanto es una experiencia que hay que promover activamente, que no tiene que dejarse en manos de la casualidad o el destino.
Me he acordado de todo esto porque el otro día pude disfrutar en el Festival Alcances de un corto documental llamado "Face to Face" (cara a cara, de Adriá Fernández y Thomas Aubry) que nos narra una manifestación concreta de esta estrategia y nos trae un rayito de esperanza en una situación en la que lo más realista es ser pesimista (pero claro, la esperanza no es lo mismo que el optimismo). En el Estado de Israel y en los territorios ocupados, el círculo vicioso del miedo y el odio parece no tener fin y las fronteras entre judíos y palestinos a veces parecen impermeables; las relaciones están fuertemente determinadas por los roles étnicos y por las máscaras mediáticas. La iniciativa es algo muy sencillo, muy modesto, pero a mi juicio muy significativo: "mezclar" adolescentes palestinos e israelíes en unos días de convivencia. Uno de los encargados del proyecto describía el shock inicial del derrumbamiento de las diferencias imaginarias y estereotipadas: "¡Visten como nosotros!", "¡Piensan como nosotros!", "¡Se pelean entre ellos como nosotros!". Decía que era fácil que, por ejemplo, los "judíos" que tratara en toda su vida un palestino de los territorios ocupados fueran los soldados y los colonos, que, lo quieran o no, están cumpliendo en su trato con ellos con el rol de "judíos" que marca las diferencias. Por eso son importantes estas experiencias: no cambian necesariamente de manera radical tu concepción del mundo, tu ideología, tu identidad étnica, tus opiniones, pero infunden todo eso del inconfundible olor de la humanidad, más allá de las elaboraciones teóricas de los Derechos Humanos que nadie discute en voz alta. En Israel y en todas partes es urgente y necesario tender este tipo de puentes que nos hacen -aunque sea por un momento- tratar con las personas con la careta algo más difuminada.
La imagen de arriba se refiere a una iniciativa artística del mismo nombre (Face 2 Face) y similar filosofía, también en conexión con las relaciones entre judíos y palestinos. Se trata de exponer por todas partes fotos hechas "de cerca", con el objetivo casi en la cara, de judíos y palestinos que desempeñan exactamente la misma profesión (supongo que por partir de una semejanza), haciendo inevitablemente muecas. El vídeo que os pongo no es el corto del que hablaba antes, sino el trailer de esta experiencia fotográfica. "Aunque son vecinos, judíos y palestinos no se ven más que a través de los medios", se dice al principio. No es que estas fotos vayan a cambiar el mundo, pero encarnan esta necesidad: mirarnos de cerca, "cara a cara" y descubrir quizás que el "monstruo" provocado por el espejismo se muestra ahora como un reflejo especular que nos dice como somos nosotros mismos.
La imagen de arriba se refiere a una iniciativa artística del mismo nombre (Face 2 Face) y similar filosofía, también en conexión con las relaciones entre judíos y palestinos. Se trata de exponer por todas partes fotos hechas "de cerca", con el objetivo casi en la cara, de judíos y palestinos que desempeñan exactamente la misma profesión (supongo que por partir de una semejanza), haciendo inevitablemente muecas. El vídeo que os pongo no es el corto del que hablaba antes, sino el trailer de esta experiencia fotográfica. "Aunque son vecinos, judíos y palestinos no se ven más que a través de los medios", se dice al principio. No es que estas fotos vayan a cambiar el mundo, pero encarnan esta necesidad: mirarnos de cerca, "cara a cara" y descubrir quizás que el "monstruo" provocado por el espejismo se muestra ahora como un reflejo especular que nos dice como somos nosotros mismos.