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jueves, enero 18, 2007

LA "VERDADERA ESENCIA" DEL ISLAM (I) ESENCIAS RELIGIOSAS

Es lógico que para un creyente, su religión tenga o haya de tener una "verdadera esencia". No sólo sucede que los miembros de las distintas religiones normalmente consideran que su manera de creer y de actuar es la correcta frente a otros credos, sino que, personas que están de acuerdo en definirse como miembros del mismo grupo religioso, discuten entre sí sobre los contenidos de la fe que comparten; a nivel personal, muchos creyentes discuten también consigo mismos, tratando de escrutar dónde está la Verdad. Esto sucede prácticamente en todos los clubs; a menudo es bueno preguntarse por los contenidos de sus propias identidades ¿qué significa para mí ser "hombre"? ¿ser "español"? ¿ser "de izquierdas"?, etc. En el caso de las religiones, con más razón, pues suele entenderse que la voluntad del Ser Supremo -caso de existir- debe ser más o menos coherente para los cánones humanos (aunque nunca se sabe, claro).

Ahora bien, desde el punto de vista de un observador externo, la cosa cambia. Un observador externo puede ser un ateo o agnóstico, pero también un creyente tratando de examinar sin demasiados prejuicios a sus "Otros" religiosos, e incluso un creyente que necesita, por una razón u otra, contemplar "su propia religión" con cierta distancia. Un observador externo no gana nada escrutando verdades supraempíricas o entidades esenciales al margen de la experiencia religiosa. Lo que tiene delante de sus ojos no es, ni más ni menos que un montón de seres humanos de carne y hueso que sienten, que sufren, que odian, que aman, que creen, que descreen, que se emocionan, que rezan, que actúan, que se expresan, que comunican. Y en los espacios compartidos de comunicación de esas personas se encuentra con construcciones socioculturales, creadas y recreadas, abandonadas y recicladas, encarnadas en grupos y redes concretos de personas pero que fluyen a lo largo de la historia humana. Se tropieza con representaciones, es decir con construcciones simbólicas intersubjetivas y con prácticas, es decir, con una conducta significativa para los otros. Se encuentra, en definitiva, con la cultura.

Tomando una decisión que puede ser útil, pero nunca es neutra ni inocente, califica como religiosas algunas de estas prácticas y representaciones (¿el Budismo es una religión? ¿y Pitágoras?) Al mismo tiempo, reconoce ciertas regularidades en las prácticas y las representaciones que le permiten categorizar formas religiosas. Así, por ejemplo, uno puede considerar determinadas conductas de aquí y de allá, de Siberia y de América como chamánicas, por encontrar aspectos comunes. También puede hablarse así de religiones animistas o totémicas, reuniendo en estos útiles conceptos las cosas que creen personas que jamás se han visto las caras.

Ahora bien, en pueblos que han alcanzado un cierto grado de evolución, una cierta especialización funcional (que delimita más claramente la esfera religiosa) y hacen uso de la escritura (casi todos ya, a estas alturas de la historia), surgen formas religiosas muy particulares. Respecto a las representaciones, tienen una cierta ortodoxia dogmática, normalmente expuesta en uno o varios textos sagrados que permiten una cierta coherencia y continuidad; respecto de las prácticas, presentan una cierta ortopraxis (unas formas de comportamiento debido registradas). La coherencia interna alrededor de este conjunto de pautas culturales permite desarrollar una identidad religiosa generalmente más marcada, más separada (lo que muchas veces genera mayor intolerancia, luchas de religión, o luchas intestinas frente a las "herejías" o escisiones). También desarrollan mayor identidad frente al resto de las formas socio-culturales que fluyen a su alrededor; la religión es un elemento separado del resto de la "cultura", del resto de las prácticas y representaciones del lugar. De hecho, muchas veces sus mandatos están teóricamente en clara contradicción con las pautas culturales de las sociedades donde se instalan: a menudo parecen pedir lo imposible, requiriendo al individuo que trascienda su cultura, o incluso que lleve a cabo conductas que podrían ser consideradas "antisociales"; hay una dialéctica permanente entre el statu quo y las experiencias antisociales que no es más que una manifestación de la lucha inevitable entre communitas y estructura. Aparecen los fanáticos, que exigen normas que resultan alienantes porque no encajan con las necesidades estructurales, los eremitas que se aislan de la sociedad, los profetas y revolucionarios místicos, que ponen patas arriba el orden político y religioso establecido; pero también los gestores, aquellos que hacen encajar esta religión centrífuga en el marco del orden social y en el ejercicio del poder.

Al separarse formalmente de la cultura del entorno inmediato (lo que puede coincidir con un incremento de las interacciones sociales con otros pueblos), es fácil que estas religiones dejen de ser las de un grupo étnico determinado y se propugnen como "universales", abarcando tendencialmente a la Humanidad entera. Y nos encontramos con el proselitismo. con los predicadores, con los guerreros de la expansión de la fe y con los colonizadores y misioneros. Son religiones "universales", que se expanden por culturas muy diversas. Son religiones "de conversión", que exigen al individuo fidelidad a un conjunto de pautas que ya no se identifican (generalmente) con la identidad étnica o con el grupo local.

Como consecuencia de estos procesos de expansión, las grandes religiones de la tierra, con menor o mayor fidelidad se van aproximando a este modelo y se van convirtiendo en el paradigma de religión por todo el mundo; otras prácticas en cierto modo trascendentes subsisten agazapadas en las formas culturales secularizadas, pero quedan fuera de la etiqueta de lo que hoy llamamos "religión". Por supuesto, con los correspondientes matices, el Islam es, para nosotros, observadores externos, una de estas religiones universales o de conversión. En nuestro entorno actual son tantos los intereses, es tanta la carga emocional, son tan fuertes los sesgos, que no está de más echarle un vistazo desde esta mirada un poco más fría del que sólo quiere aprender cosas sobre el ser humano.

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