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domingo, septiembre 12, 2010

ACONTECIMIENTOS: ¡SALVEMOS EL DIRECTO!

Salvo eventos excepcionales, los pubs y bares de pequeño aforo, esos que no cuentan con camerinos ni escenario, no pueden organizar conciertos en toda Andalucía (y en otros sitios). No estoy hablando de volumen, de horarios, de insonorización, de licencias, de aforo, de medidas de seguridad, de esas cosas que podrían interesar a la gente... Estoy diciendo que es imposible que un bar pueda obtener una licencia que le permita organizar conciertos. Un "bar con música" puede poner música "enlatada" con un límite de decibelios. Pero la música tiene que ser pregrabada, no puede ser alguien con una guitarra acústica, no se nos vaya a desmadrar la gente. De hecho, también es imposible que un bar organice cualquier otro espectáculo que no sea poner música pregrabada y servir intoxicantes y otras bebidas. En un bar no puede haber cuentacuentos, mimos, monólogos o actuaciones de humoristas, pequeñas piezas de teatro, sombras chinescas, prestidigitación, performance... No puedes hacer esas cosas si no tienes la licencia apropiada. Y la licencia apropiada no existe.

El problema deriva del Nomenclátor y Catálogo de Espectáculos de Andalucía, un texto en el que se intentan enumerar todos los espectáculos posibles y los lugares en donde pueden hacerse. Personalmente, soy contrario a esta técnica normativa. Tratar de encerrar el arte en una jaula para tenerlo bien controlado es un empeño absurdo, porque a menudo el arte termina siendo precisamente aquello que ha quedado fuera de la jaula. Creo que hubiera sido más oportuno preocuparse simplemente por los problemas que la actividad artística puede ocasionar a la gente (por ejemplo "el ruido") y dejar de intentar reglamentar la imaginación, que sopla por donde le da la gana. Pero hoy por hoy, es lo que tenemos. Y lo cierto es que el catálogo no incluye algo tan normalizado en nuestra sociedad como los conciertos en los bares.

Por supuesto, aplicar realmente esta prohibición absoluta es insostenible. Para muchos músicos o artistas profesionales, constituye directamente un medio de subsistencia del que se los está privando y aquí estamos tocando el estómago de los currantes y, por tanto, un tema de importancia esencial. Muchos otros que hoy son profesionales más instalados y que no necesitan tocar en bares pequeños, llegaron a donde están porque "cogieron tablas" en algún sitio; nadie va directamente del garaje de su casa al Royal Albert Hall, la "cantera" tiene que estar en algún sitio. Muchos otros no somos profesionales ni lo seremos nunca; somos amateurs, c'est à dire, gente que ama la música y que necesita compartir con los demás la música que nace de esos arrumacos; del mismo modo que el "fútbol" no es sólo la liga profesional sino también los chavales que juegan en el campo de la barriada bajo las miradas de sus parientes y de cualquiera que pase por ahí y le interese el asunto, la "cultura" no está hecha sólo de grandezas, sino también de las pequeñas hazañas de la gente de a pie que "cultivó" su creatividad. Por otra parte, muchos pequeños empresarios tienen la inquietud de organizar cosas "culturales"; creen que su trabajo no debe ser solamente servir intoxicantes, sino que también quieren intoxicarnos de cultura, de música y de belleza, venenos que afectan al alma, pero que dejan el hígado sano. Por último, mucha gente necesita (necesitamos) este tipo de eventos que son más baratos, producen un ambiente más íntimo y generan un tipo de relaciones entre la gente que son diferentes a los de conciertos más concurridos (e incluso a veces permiten el intercambio y la colaboración entre los músicos de modo distendido).

La ley lo prohibe, pero sigue existiendo. Esta pauta es muy habitual en España: la norma es "demasiado" restrictiva pero en realidad no se cumple. En este contexto, desaparecen los parámetros objetivos que permiten generalizar las expectativas y queda sólo la arbitrariedad y la realidad del poder descarnado. Se puede tocar o no dependiendo de si Venus está alineado con Marte, de la fiebre que le entre a los poderes locales, de lo bien que te lleves con tus vecinos, con los políticos o con la policía, de tus relaciones con los poderosos. Pero, además, la cosa puede ser confusa. Policías locales suspenden conciertos organizados por el Ayuntamiento o paralizan eventos sin que nadie se haya quejado. Otras veces la policía irrumpe por la tarde en una clase de guitarra o en un ensayo antes de que empiece porque alguien ha visto entrar a una persona en un bar con una funda de guitarra (!) Hay bares malditos y hay agravios comparativos. Se plantean prejuicios sobre formas de vestir o sobre los grupos sociales a los que supuestamente les gusta tal o cual música. Un tremendo caos jurídico al servicio de las incoherencias del poder. No puede discutirse sobre elementos objetivables como el volumen, el horario o la insonorización. Si no tienes licencia -y no puedes tenerla- te puedo crujir. Pero lo haré cuando me apetezca, o cuando me convenga.

Al hilo de estos problemas surgió la plataforma Salvemos el Directo. Nuestra plataforma no reclama el derecho a molestar, ni pide que los músicos podamos hacer lo que nos dé la gana. Simplemente pide la regularización de una actividad muy consolidada y muy necesaria e; esto implica que la actividad se regule razonablemente y toda regulación implica la imposición de límites. Así, por ejemplo, si fuera posible sacarse una licencia de "bar con música en directo", las autoridades podrían controlar que estos bares cumplieran debidamente con los requerimientos de insonorización. No es un juego de "suma cero" en el que unos ganan y otros pierden: todos los afectados pueden ganar con unas reglas decentes.

El martes pasado algunos miembros de esta plataforma, con la intermediación y ayuda del parlamentario andaluz por IU, Ignacio García, nos reunimos con el Director General de Espectáculos y parte de su equipo. Creemos que la reunión ha sido provechosa y que hay una buena disposición para cambiar el catálogo e incorporar una regulación más razonable que pondere los diferentes intereses en juego. Eso sí, el cambio no está hecho aún y el proceso puede demorarse un poco. Es el momento de que vayamos reuniendo apoyos que demuestren que no somos cuatro locos con ideas raras, sino que realmente hay una demanda social que atender.

Eso sí, no hay que pensar que los problemas de la música en directo van a terminarse si conseguimos esta reivindicación. Se trata simplemente de que por lo menos haya unas reglas de juego mínimas a las que atenerse. Con eso, creo que habremos ganado mucho, pero no todo lo que hace falta.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Bosnio,cada dia te respeto y te admiro mas,impresionante leccion en tu exposicion,gracias por todo,ojala algun dia celebremos que todo esto esto llega a buen puerto(de Santa Maria),un abrazo pish...QK

Antonio Álvarez del Cuvillo dijo...

Muchas gracias QK, espero poderte ver pronto agarrao al bajo, incluso antes de que se legalice.

Kampanita dijo...

Soy músico amateur, no creo que llegue nunca al Albert Hall, ni nada por el estilo. Me conformaría con poder tocar para mis amigos, colegas, o conocidos del bar. No veo en donde esta el problema, donde el perjuicio. Siempre que sea en un sitio con las condiciones adecuadas en donde ni los espectadores ni los musicos puedan sufrir un accidente, y donde todo este bien insonorizado o lejos del vecindario para no molestar al que no le interese...deberia ser algo legal, normalizado, y hasta subvencionado si me apuras....

SALVEMOS EL DIRECTO. Salvemos a los musicos.

Antonio Álvarez del Cuvillo dijo...

Pues sí, Kampanita, gracias por tu comentario.

Anónimo dijo...

Bueno esto es solamente un punto de vista personal, las leyes son para regular la buena convivencia entre vecinos. No creo que haya una casa de brujas entre la policía y los bares, básicamente esta actua siempre que existe una denuncia, es importante que la ley proteja de manera igualitaria, que pasa cuando por razones personales un vecino te denuncia, no el 100% de los casos el vecino tiene la razon, como el caso de la denuncia de la clase de música donde los músicos no habían sacado la guitarra española de sus fundas en un bar insonorisado y la policía ya estaba ahí porque hacian mucho ruido (absurdo), en ese sentido los empresarios y artistas estan a merced de las malas intenciones de los vecinos, los "vecinos" muchas veces son los mismos empresarios los que hacen las denuncias, ojo!!! competencia desleal, que si el mago, que si la gente esta bailando, que la terraza, que si están en directo.,.,..,.de alguna manera los vecinos estan protejidos por la ley, los empresarios también, pero los músicos, los magos, los cuentacuentos, cuentachistes, bailarines, cantanteautores, y las múltiples formas de artistas, aquellos que llaman la atención del público, como un mimo que no hace ruido en absoluto que?.,.,.,por lo pronto son delincuentes y varios se han sentido perseguidos, por la ley, no a la criminalisacion del arte