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martes, febrero 05, 2008

"PUTEADAS": LAS ÚLTIMAS DE LAS ÚLTIMAS

El debate sobre la eventual "legalización" de la prostitución nos divide a los feministas y no es para menos, porque el tema es complicado. Desde el punto de vista de la "moral" abstracta, al margen del contexto social en el que este fenómeno se sitúa, me sucede lo mismo que con la "poliginia": nada tengo que objetar a que cada uno (y cada una) gestione como prefiera los amores y los ardores de su vida; nadie soy yo para juzgar sobre cuerpos ajenos. Pero creo que nos falta perspectiva si contemplamos las conductas únicamente en abstracto, al margen del contexto social en que se producen, que es lo que habitualmente gusta de hacer el liberalismo más ingenuo.

En este sentido, la prostitución "real" -como la poliginia "real"-, se comprende mejor cuando se sitúa en el contexto del patriarcado, esto es, del dominio de los hombres sobre las mujeres; nadie puede negar que, aunque naturalmente existen bastantes desviaciones del supuesto prototípico, la prostitución es una actividad muy feminizada (quizás la más feminizada de todas) y que los clientes son, casi exclusivamente varones. Tampoco creo que nadie pueda negar que prácticamente todas las "prostitutas" se encuentran en una situación patente de exclusión social, en los márgenes del sistema y con un status social muy degradado. Para constatar esto no hace falta meterse en el berenjenal de considerar que "vender sexo" es más "indigno" que otras transmisiones onerosas que realizan otras personas más "respetables". En la práctica, nuestra sociedad tiende a arrojar a las prostitutas más allá de nuestro mundo social, como si pertenecieran a una casta de "intocables". Está "bien visto" criticar a los famosetes de tercera división, que venden a los medios de comunicación "pornografía sentimental" de vidas propias y ajenas, pero aún así cuando uno se los encuentra por la calle no huye buscando una acera más cómoda, sino que, en el fondo, procurará impregnarse de su halo místico de glamour casposo para contar a deudos y parientes esa epifanía cutre. La gente "de orden" anima a las prostitutas a dedicarse a limpiar escaleras, pero nadie contrataría a una puta para limpiar la suya. Las personas destinadas a esta "casta" de extrema inferioridad social son sistemáticamente mujeres y se sitúan en esa posición tan desventajosa para satisfacer el deseo sexual de los varones. Para quienes están en contra de la regulación de la prostitución, "legalizar" esta actividad vendría a ser como una rendición frente a una forma especialmente intensa de explotación humana.

Yo por mi parte, estoy entre los que prefieren regularizar y hacer más visible esta situación, de manera que se atenúe en alguna medida la exclusión social que produce (y que se acentúa con un vacío legal que tiene algo de hipócrita), sin que ello implique renunciar a luchar contra las fuerzas que "arrastran" -a veces de manera forzada, a veces de manera "libre", pero en el marco de unos condicionamientos estructurales- a las mujeres a ejercer la prostitución. Entre otras cosas, porque creo que es lo que suelen preferir las prostitutas y a mí el "todo para el pueblo, pero sin el pueblo", no me convence casi nunca. No se trata únicamente de una cuestión simbólica, sino también material. Al fin y al cabo, tipos listos como Marx o Polanyi ya denunciaron en su tiempo cómo la conversión del trabajo en mercancía (a grandes rasgos, una novedad del capitalismo moderno) había producido una brutal disociación entre la persona y lo que hace, es decir, entre la persona y la persona misma, de consecuencias patológicas; la reacción defensiva de la sociedad ante esta ruptura no fue retornar a modos de producción domésticos, sino -entre otras cosas- regular el mercado de trabajo para vivir con dignidad esta diosciación. Hoy en día, al menos los trabajadores que disfrutamos de un cierto privilegio podemos vivir con la alienación sin que se nos caigan los anillos.

En este sentido, me parece muy oportuno establecer mecanismos de protección social para las personas que ejercen la prostitución. Ello implicaría necesariamente un cierto reconocimiento jurídico de la actividad, que incluso habría de gravarse con tributos (como mínimo, a través de cotizaciones a la Seguridad Social). Más difícil me parece aceptar la aplicación automática del régimen laboral, basado en la subordinación y en el ejercicio de poderes de dirección, control y disciplina por parte del empleador; seguramente sería más apropiado regular la prostitución como una actividad autónoma, en su caso, económicamente dependiente, con las exiguas garantías del nuevo régimen, aunque tengo mis dudas respecto a lo que habría que hacer con la subordinación real. Lo suyo sería perseguirla duramente una vez se estableciera el régimen autónomo, pero vamos, no sé si alcanzarían hasta lo más profundo de la economía sumergida las redes del, ejem, Leviatán.

En cualquier caso, traigo este tema aquí porque a nadie se le escapa que la prostitución hoy no es únicamente un tema de género, sino también étnico y vinculado a las vidas de muchas mujeres migrantes (en el peor de los casos, de manera forzada). Hemos señalado en otras entradas que los migrantes de hoy actúan como los forasteros carniceros de la Utopía de Tomás Moro, realizando los trabajos que el sistema requiere, pero que los nacionales no quieren hacer; así pues, era de esperar que se cubrieran con extranjeras las "vacantes" en la actividad profesional más degradada de nuestra sociedad. "Vacantes" ocupadas por mujeres migrantes irregulares y prostitutas: las últimas de las últimas al margen de los márgenes de nuestra sociedad.

Regularizar la situación de las prostitutas migrantes podría atenuar la debilidad de su posición en la sociedad. La irregularidad tiende a ser permanente, pues su "profesión" no permite regularizarse y la integración en el mercado de trabajo normalizado se hace progresivamente más difícil (véase supra la "parábola de la escalera"). Estamos hablando de cosas muy concretas, dado que esta situación de irregularidad supone un poder extraordinario en manos de "chulos", "mafias", "empleadores" y, en su caso "clientes"; el miedo a la expulsión y la precariedad extrema configuran un sujeto cada vez más dócil y sumiso a los dictados de quien está al menos unos peldaños por arriba.

Pero esta "legalización" se encuentra con fuertes paradojas y contradicciones; ¿qué requisitos exigir para el ejercicio de la actividad de la prostitución a los extranjeros? Si se reconociera la prostitución como actividad por cuenta ajena -lo que, como ya he señalado, no me parece oportuno- ¿aplicaríamos normalmente el Contingente, la Situación Nacional de Empleo, de Catálogo de Ocupaciones de Difícil Cobertura? Si se reconoce como actividad por cuenta propia, postura por la que me inclino ¿será positiva la consideración de que la actividad cree más empleo? ¿Cómo se restringiría el acceso de personas para ejercer la prostitución en España? Porque si no se restringe el acceso, o se restringe poco, el problema es que de esta manera probablemente estaríamos fomentando la prostitución como estrategia migratoria, como modo de sortear las restricciones que existen para acceder a la Unión Europea y por tanto alimentando y engrasando la maquinaria que arrastra sistemáticamente a muchas mujeres a la prostitución para convertirse en las últimas de las últimas de nuestra casposa Utopía, aún más abajo que los carniceros.

"Legalizar" la prostitución me parece una estrategia oportuna, con todos los matices que quieran, pero ello implica enfrentarse de cara con todas estas paradojas. A veces, en el debate, las mujeres migrantes permanecen misteriosamente invisibles y olvidadas, pero hoy en día cualquier propuesta al respecto tendrá que encajar en la realidad (post)moderna del transnacionalismo.

10 comentarios:

Nani dijo...

Por primera vez , y sin que sirva de precedente ;-) no lo veo del todo...

Han cambiado las chicas, también el perfil de usuario. Que existe la explotación sexual es un hecho totalmente lamentable. Y hay que combatirla con todos los medios. La pregunta es ¿hay hoy una prostitución que ya no es sórdida?
Hay clientes y protagonistas que dicen que sí, y sí que hay prostitutas , varios casos conozco , que están cotizando a la Seguridad Social como autónomas (masajistas o bailarinas, por ejemplo) para tener algo el día de mañana...

Un tema muy complicado, y más en mi caso por desconocido.

Armando dijo...

Hola Antonio: Me parece muy buena tu página, muy comprometida con estos "tiempos interesantes". Mi nombre es Armando Olveira Ramos y me gustaría que vieras mi blog que trata de migraciones y patrimonio. Se llama Crónicas Migrantes:
http://armandolveira.blogspot.com/
Es algo muy primario, porque soy "nuevito" en el bloggismo (se dirá así?).
Espero tus comentarios y hasta la posibilidad de que hagamos una cyberentrevista. Un abrazo.

Antonio Álvarez del Cuvillo dijo...

Armando,

Muchas gracias por tu visita y ánimo con el blog (pa primario el mío).

Nani,

Tengo que aclarar, por si acaso, que no es mi intención adjudicar inmediatamente significados automáticos a la conducta humana (algo como "están vendiendo su dignidad"); acabaría entonces probablemente haciéndome incapaz para comprender a la gente, como pasa a veces con las cuestiones del hiyab que hoy vuelve a sacar a la luz el circo lamentable de la campaña electoral. Los significados que los seres humanos otorgamos a nuestra conducta no se corresponden, a mi juicio, con realidades esenciales, ideas platónicas eternas e inmutables. Atribuimos significado a todo lo que hacemos, y lo hacemos de manera intersubjetiva, pero también individual. No se trata de hacer apreciaciones morales sobre la prostitución, sino de analizar la realidad tal y como se nos presenta.

¿Hay una prostitución que no es sórdida? Otra vez, eso depende del significado que le demos a la palabra "sórdida". El que le den las personas individuales es muy interesante y es ineludible considerarlo, pero no basta para quien quiera contemplar el "elefante completo". Hay prostitución más o menos sórdida y en muchos casos, tanto clientes como protagonistas estarán condicionados para percibir una falta de sordidez. Pero no es eso lo que me interesa, la sordidez, prefiero agarrarme a algo más sólido.

Para mí los hechos relevantes son:

-a) Que la prostitución tal y como la conocemos está generando, en la práctica una notable exclusión social y que NO ESTÁ ACEPTADA EN LA SOCIEDAD, generando mucho rechazo. Desde luego, mucho menos aceptada que los masajistas y las bailarinas, eróticas incluso. Que en la trama generar de asignación intersubjetiva de significados la prostitución se encuentra entre las actividades más rechazadas.

-b) Que sistemáticamente afecta a mujeres.

Tal y como está organizado el cotarro, no me parece que haya que FOMENTAR la prostitución, sino todo lo contrario, y esto tiene que tenerlo en cuenta la legislación que la regularice (lo que por otra parte considero necesario). No creo que haya que favorecer que las migrantes vengan a España a prostituirse, es casi llamarlas en bloque hacia la exclusión social.

Eso no quiere decir que haya que prohibir el ejercicio de la prostitución. Así, por ejemplo, haciendo una analogía forzada con un supuesto totalmente distinto, a mí me parece muy bien y muy respetable que haya gente que decida abandonar el mercado de trabajo para dedicarse a cuidar a sus niños, pero en la práctica se observa que esas "decisiones libres" afectan sólo a las mujeres y que están reproduciendo desigualdades de poder y de acceso a los recursos entre mujeres y hombres. En este contexto, no me parece apropiado FOMENTAR esta decisión, por más que uno en abstracto no tenga nada contra que la gente decida trabajar fuera del mercado.

Nani dijo...

Ahora sí, veo lo que quieres decir.
Y es verdad que son excluidas sociales...pero los clientes son mi primo , tu vecino, el de la tienda de la esquina, mi amigo pepe, el marido de la amiga de mi madre...etc. Y como ellos son tan tan normales, y muy reacios normalmente a juntarse con todo lo que es la exclusión social nuestra de las asociaciones nuestras de cada día , pues me descolocan..

Bueno, muy cualificada para este tema no estoy. No sé si te conté que un día se le ocurrió a una compañera hacer una cruzada por unos clubs nocturnos para salvar almas...Pero como no llegó la sangre al río no te puedo contar.

Bst

Antonio Álvarez del Cuvillo dijo...

Nani,

Con las prostitutas se "junta" mucha gente "normal" y también mucha gente "respetable", sólo que yo creo que generalmente lo hacen en el marco de una serie de roles preestablecidos donde habitualmente existe una posicion social de inferioridad de la prostituta. Es decir, es más difícil que se relacionen con ellas en un contexto de "normalidad" que con otras personas que no están situadas en los márgenes de la sociedad.

peluhongkong dijo...

Ya lo estoy viendo. Putas con el régimen de autónomos, pagando sus seguros sociales cada tres meses, deduciendo IVA por el precio de los condones y expediendo facturas. Por supuesto existirá un libro de reclamaciones a disposicion del cliente que lo solicite...Algo más tarde se podrá incluir la experiencia en el curriculum; que seguro que ayuda para conseguir cientos de trabajos en los que es fundamental chupar polla o poner el culo para progresar en la empresa.
En fin, que no me lo creo. Que me parece imposible que en este pais se den las circunstacias necesarias para que ésto ocurra.
Quizá sea mejor preocuparse de las causas que llevan a una mujer a hacer la calle y caer en manos de mafias.Estoy bastante seguro que la gran mayoria de las prostitutas del mundo mundial son putas por sus circunstancias.Esforcemonos por cambiar esas circunstacias y dejemonos de tanta legalizaciones;que hacerlas legales no las va a librar del que diran,que ya se sabe que la gente es muy puta.

Antonio Álvarez del Cuvillo dijo...

Pelu,

La verdad es que me alegro que por una vez estemos todos en desacuerdo y tengamos algo de debate.

Vayamos entonces a la discusión, con un poco de retórica por mi parte, pero sin acritud, claro ;-). Yo creo que tu argumento tiene -por supuesto, de manera inconsciente- una pequeña trampa estándar, que a veces los que vivimos bien aprovechamos para evadirnos del mientras tanto. Es por eso que me resulta tan sugerente la frase esa de Tomás Moro en Utopía con la que empezaba la serie anterior y cito en otros sitios: "De aquí se lleva al mercado la carne limpia y despiezada por los criados o siervos. Los utopianos no consienten que sus ciudadanos se acostumbren a descuartizar a los animales. Semejante práctica, según ellos, apaga poco a poco la clemencia, el sentimiento más humano de nuestra naturaleza". Desgraciadamente, a veces la utopía tiene carniceros que siguen haciendo el trabajo sucio mientras los utopianos siguen en Utopía.

La utopía en este caso, es que nadie se vea arrastrada a la prostitución, al menos tal y como la conocemos en nuestra sociedad. Hay que luchar por las utopías, de eso no hay duda. No sé si llegaremos a ellas tal y cómo las soñamos, pero desde luego que merece la pena. Así que cambiar esas circunstancias es algo que hay que hacer. Pero no veo por qué eso va a ser incompatible con el "mientras tanto". Normalmente, los que están en peor situación, los carniceros de Utopía, son los que más necesitan del "mientras tanto", del "ahora", los utopianos en cambio pueden permitirse no cortar carne.

Todo lo que sea cambiar esas "circunstancias", aunque no llegue a ser completo, estará bien. Pero me temo que nos costará eliminar completamente esas circunstancias. Fijémonos en una cosa: cuando en España se ha alcanzado una cierta cota de bienestar que me imagino que estaba reduciendo enormemente la prostitución, la "demanda" ha atraído la "oferta" de otro sitio, de otros sitios donde las circunstancias son más acuciantes y ahora quizás la mayoría de las prostitutas son extranjeras (y subiendo). Y si siguen estando allí, preguntémosles qué forma de protección prefieren, la que sólo acepta el maximalismo o la que permite, por ejemplo, tener derecho prestaciones contributivas de seguridad social. Yo me quedo con la segunda, aún reconociendo, como decía al principio, que el tema es complicado.

peluhongkong dijo...

No es que no nos preocupe el 'mientras tanto'... Yo no digo que no se deba legalizar la prostitución, todo lo contrario, me parece estupendo. A lo que me refiero es que no veo que sea una solución a corto plazo, por la sencilla razón que la prostitución esta rodeada de toda una realidad que no va a cambiar unos pocos articulos. Una puta no necesita derechos en un de papel. Necesitan que no existan chulos que parten bocas con impunidad, que la drogas no las condenen a trabajos forzados, que el sida se cure, que sus hijos no se conviertan en hijos de puta cuando otros niños se pasen la hora del recreo insultandoles, que los vecinos no se indignen por que sus barrios esten llenos de PUTAS!!!!...
No nos engañemos,en el barrio rojo de Amsterdam, las prostitutas tienen derechos no porque existan leyes, que las hay y debe haberlas, sino porque a nadie le parece mal que existan y una mujer puede dedicarse a chuparle el manurruio al vecino sin que nadie vea pecado, amoralidad o ni siquiera algo raro. Eso es lo que falta en España, Tolerancia. Y la tolerancia no se consigue con leyes sino con educación y aqui fallamos. La trampa yo la veo en que la ley será 'un mientras tanto' hasta que nos eduquemos y eso es lo que no me creo.
En fin, que ya me conoces, y lo que me gusta es discutir que confrontando distintas posturas aprendemos todos.

Antonio Álvarez del Cuvillo dijo...

Claro, Pelu, a mí también me gusta discutir ;-)

Ahora veo lo que dices, pero la cuestión es que el mundo no se pliega a nuestros deseos. Quién nació primero, la gallina o el huevo. Las leyes son un producto de la sociedad que tenemos, por eso no son radicalmente otras, pero también la cambian. Nosotros somos un producto de la sociedad pero también somos quienes la vamos produciendo. Nadie puede hacer de la sociedad lo que quiera pero todos hacemos algo en ella y la sociedad está en continua evolución.

El juego vital que propongo, pues, es coger por los cuernos las contradicciones de nuestra sociedad , pues son las contradicciones que hay en todas las sociedades las que las arrastran al cambio. Y luego agarrarse a ellas de modo activo. No porque el final del cuento vaya a ser el que habíamos pensado, sino porque como humanos necesitamos estar en la sociedad activamente. Como dice uno de mis mantras de otros favoritos, la esperanza implica sólo que algo vale la pena, no que vaya a salir.

En este contexto, hay que proponer cambios legales y los cambios legales no provocan efectos mágicos, pero producen efectos. Lo que pasa es que hay que pensar en los efectos deseados y también en los indeseados, por ejemplo en el tema de la prostitución.

Nani dijo...

Sí Antonio, pero luego pasa como con el empleo doméstico...que hay leyes y nadie las cumple y es más, nadie las piensa cumplir. Lo regulado dando la espalda a la realidad, a veces no funciona.

Y estoy con Pelu, en que hay aún un camino largo por andar en mentalidad y en otros condicionantes de esa prestación laboral para que su regulación resulte efectiva hoy por hoy en España.

Aunque es verdad que alguna vez hay que empezar. Que le pongan un epígrafe en el IAE para que pueda declararse fiscalmente lo que se gana. Y a cotizar por autónomos. Para que ellas (y ellos) tengan esa opción. Pero , claro, que metan en la cárcel a todos los chulos , abusadores y traficantes de seres humanos.

Complicaillo el tema.